Se buscan ya los motivos por los cuales miles de personas en los Estados Unidos se avientan de los puentes más altos. No quieren vivir más por asegurar que experimentan el mismísimo horror en sus existencias, esto sólo después de haberse hecho, en la ciudad de Philadelphia, un programa piloto de una tecnología relacionada con la inteligencia artificial que acabaría con todo problema de salud mental; no sólo suicidios y adicciones a las drogas y el alcohol, el fenómeno del bullying en las escuelas y la violencia creciente, sino que también por medio de la implantación de un minúsculo chip en el cerebro, simplemente haría a las personas plenamente felices. ¿Por qué diablos falló todo, intempestivamente, así como así y de un día para otro?
Justo a un par de semanas de haberse dado la noticia del retiro por parte de la Academia sueca del premio Nobel de literatura del 2132, luego de descubrir que el prodigioso autor argentino Carlos Luque había producido el 95% de su obra mediante la inteligencia artificial, más o menos el FBI sabe ya lo que sucede, y es que un grupo de hackers en California se dedicó a sustraer niveles de la felicidad en los chips de implante cerebral de algunos miles de ciudadanos de Philadelphia, para venderlos a grandes famosos y millonarios de la industria del espectáculo, sobre todo radicados en mansiones de Beverly Hills, Silicon Valley a Beverly Hills, pasando por Philadelphia.
Simplemente, los potentados de Hollywood probaron la tecnología de los implantes de forma ilegal (“pirateada”, se diría en algunos países), y no se conformaron con poco: pagaron más y más, muy fuertes cantidades de dinero a los hackers también californianos para transferir niveles de felicidad sustraídos de esos pobres diablos, mismos que de experimentar la plenitud total en sus vidas, hoy saltan al vacío en Philadelphia para encontrar una puerta fácil a sus ahora infiernos personales internos.
Ha trascendido ya en la prensa que las autoridades darán con los responsables, pero que antes que todo el programa piloto de los chips implantados queda suspendido de forma permanente, ya que el propio ser humano lo truncó al desvirtuarlo debido a su ambición en cuanto a dichos niveles de felicidad tecnológica y al tener los medios económicos de sobra para pagar por ello, en detrimento de los participantes del programa, todos de bajos recursos, radicados en la ciudad de Philadelphia a los que no dejaron más senda que la muerte. Es una lástima, ya que ese programa biotecnológico lucía como la posible utopía mayor del Siglo XXII.
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