En la seca
La interminable distancia del desierto
mi sed es el incendio de tu ausencia…
y muero a la intemperie.
muero a las puertas de tu corazón que no abre.
En el incesante transcurrir del tiempo que no tengo,
que, segundo a segundo
gota a gota, se escapa entre mis dedos.
no lo puedo beber ni detenerlo,
ni hacerlo ir hacia atrás.
La agridulce tristeza de los grillos,
hace coro al calor que reverbera,
mezclando entre las lágrimas
(En un caleidoscopio de amargura)
el espejismo de ti, sobre el horizonte.
¿No hay tesoro al final de este arcoíris?
¿Nadie regresa a casa?
¿Nadie vuelve…?
Y yo sigo hacia el Norte
mientras tu silueta se disipa,
mezclada con la luz del mediodía.
Mientras mis manos no atinan a despedirse de ti
O volar y asirte…
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Paso del Norte, abril 2004
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