LEVEDADES

Que el día del amor y la amistad no sea el 14 de febrero, sino cada uno de los 365 que conforman un año; que aprendamos el disfrute de hacer el bien desde el fondo de nuestro...

15 de febrero, 2022 LEVEDADES

Nosotros, humanos, construimos la historia. Imprimimos en cada uno de sus elementos nuestra impronta personal y social.  No es igual la actual sociedad a la que hubo hace cincuenta o cien años. Cada sociedad está perfilada conforme a su tiempo, circunstancias externas y pensamiento de sus ciudadanos.

Viene a mi mente la novela icónica de Milan Kundera La insoportable levedad del ser. Dentro de las líneas de una historia de amor en tiempos de guerra, el escritor nos lleva a descubrir el peso que poseen las palabras para cada uno de sus personajes, en particular el protagonista Tomás y su amada Teresa. Situada en la Checoslovaquia de los años cincuenta del siglo pasado, nos remite a reflexionar hasta qué punto la palabra es capaz de construir y deconstruir individuos, relaciones, sociedades e identidades.

Viene lo anterior en torno a dos asuntos fundamentales para México. En primer lugar, la forma como el Ejecutivo Federal echa mano de recursos del Estado para denostar y poner en riesgo la vida de un periodista y de su familia. ¿El motivo? La investigación emprendida por este periodista  respecto a un familiar incómodo del primer mandatario. Me ha parecido irresponsable y temerario de su parte.  En mi desempeño frente a la palabra escrita reviso una y otra, y otra vez el borrador a publicar, tanto para pulir su claridad como para eliminar cualquier  expresión alejada de la verdad.  Cierto, más de una vez me ha sucedido que, una vez publicado el texto, me percato de alguna imprecisión que resulta ocioso tratar de corregir. Afortunadamente nada grave.   Ahora bien, echar mano de los recursos del Estado para golpear políticamente a quien se visualiza como enemigo, desde su posición en la cúspide de la sociedad, aun pasando por encima de lo que marca la ley, es preocupante.

Nuestro México se ha desarrollado dentro de un sistema patriarcal desde tiempos de la Conquista. Esos modelos que se observan en la estructura social inician dentro de casa, con la estructura familiar, en la cual la cabeza de familia tiene la última palabra. En las diversas regiones hay estructuras patriarcales; en las menos son matriarcales. En ambos casos se educa al niño para obedecer sin chistar, sin acaso levantar la vista a la autoridad.  Muchos de tales arquetipos se han ido rompiendo a lo largo del tiempo, pero dentro de cada ciudadano sigue viva la necesidad interna de que sea una figura de autoridad quien decida por nosotros, evitándonos así la responsabilidad de hacerlo a título personal. Los tiempos demandan que asumamos lo que nos corresponde como ciudadanía y exigir a nuestras autoridades sujetarse a las mismas leyes que a nosotros nos rigen.  La convocatoria de la Sociedad Civil México por redes sociales del pasado viernes 11 de febrero dio cuenta de que, como ciudadanos, estamos finalmente despertando para hacer valer nuestros derechos.

El otro punto que deseo tratar bajo el rubro de “levedades” tiene que ver con el recién celebrado Día de San Valentín.  Frente a esta fiesta me sucede, como con varias más, que me siento ajena a sus motivos. Colocamos al amor como un lugar común frente al cual volcarnos en palabras, buenos deseos, regalos y promesas, con toda intensidad por 24 horas. Caemos en las contradicciones entre la palabra y los hechos, con el afán de dar a la palabra mayor peso que a los hechos duros que en verdad representan nuestro sentimiento.  Tal como sucede con el Día de la Madre, volcamos toda la parafernalia para manifestar lo más decantado de nuestros sentimientos, tantas veces contradiciéndonos a partir del día siguiente y por el resto del año.

Amor no es valentines, chocolates, flores y gestos que explotan un solo día y luego se olvidan.  Amor es esa paciente y ardua tarea de cada día. Es respetar, aceptar y tratar de comprender al otro. Es ponernos verdaderamente en sus circunstancias, sentir con él, como él y así entenderlo.  Es la renuncia de lo pequeño, de ese rato de comodidad, de ese descanso… Es apoyar al ser amado en el momento de debilidad nada más porque sí, sin esperar que se cumplan las leyes matemáticas del toma y daca. Amar es manifestar nuestra plenitud frente a la vida, actuando a favor de otros. Es hacerlo de manera discreta, sin anuncio, puesto que no sentimos necesidad de ser validados por los demás. Amar es compartir aquello que nos hace distintos del resto, para entre todos complementarnos y crecer.

Me quedo con las levedades de Kundera en el aire, recordando que, así como sus personajes, somos todos nosotros: seres imperfectos, a ratos incongruentes y hasta contradictorios; individuos llenos de sueños, que tantas veces desdibujamos nuestra ruta hacia su logro. Todos los humanos estamos inacabados, hay aristas que habrá que pulir. Lo primordial es tener la humildad de reconocerlo, no perderlo de vista y trabajar por ello. Cuando utilicemos la palabra, hay que hacerlo de manera prudente y cuidadosa; impulsarla hacia adelante, y no utilizarla como brida que frena. Que el día del amor y la amistad no sea el 14 de febrero, sino cada uno de los 365 que conforman un año. Que aprendamos el disfrute de hacer el bien desde el fondo de nuestro corazón, con respeto y reconocimiento para los logros de otros, y un constante espíritu de aprendizaje. Se trata de conformar mejores sociedades a partir de  nuestro propio ser hecho de barro, dentro del cual mora un espíritu que no conoce límites.

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Maria del Carmen Maqueo Garza
Coahuilense, pediatra retirada, apasionada de la palabra escrita. Colabora en diversas publicaciones periódicas digitales e impresas. Autora de varios libros. Bloguera. Incansable aprendiz de la vida.
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