De pronto se levantó, y echó a andar por la noche hacia el sitio habitado por el Rey Pez.
De pronto se levantó, y echó a andar por la noche hacia el sitio habitado por el Rey Pez.
La marea alta propiciaba que el fragor de las olas sobre el acantilado, magnificara su sonido; sin embargo, su voz fue fácilmente escuchada por el monarca marino.
Las estrellas brillaban, multiplicadas por millones en lo alto del cielo.
La luna comenzaba a insinuarse con su cuerpo creciente, en una reminiscencia dulce y dolorosa para él.
– Necesito pedirte el deseo más importante de mi vida; clamo el enamorado.
El Rey Pez que todo lo sabía anticipadamente, mantuvo un grave silencio y prestaba toda su atención:
– ¿Y cuál es ese deseo tan importante?
– Rey Pez, la noche me es intolerable desde hace muchas noches.
– Lo ha sido por las noches de las noches, ya muchísimas veces.
– Tengo miedo de mis ojos abiertos con las luces ya idas.
– Tengo miedo de acostarme estas noches solitarias, y tener que pasar los instantes interminables que preceden a mis sueños.
– Y peor aún:
– Que mis sueños se hayan vuelto la repetición de lo imposible.
– Como una especie de sentencia inevitable.
– Vuelven siempre mis noches a un sitio que no quiero precisar;
– Mi memoria se ha apagado para los sentimientos, y lo único que percibo, es un inmenso vacío.
– No sé por qué estoy triste, más allá de mis tristezas más recientes.
– No es la acumulación de las nostalgias;
– Es que entre mi dolor de ayer y mi angustia de hoy, existe un abismo insondable que me aterra cruzar.
Abril de 1993
– ¡Te necesito Rey Pez!
El Rey benévolo, apenado por su amigo, lo escuchaba con paciencia.
Porque solamente la paciencia permite ayudar a los amigos.
-¿Qué puedo hacer por ti?
– Ese abismo, Majestad…
…Ese barranco oscuro entre mis tristezas, quiero franquearlo
– ¡Y la única forma de lograrlo, es navegando!
Por un momento el Rey Pez, quedo desconcertado.
_ ¿Navegando? Repuso.
– Si Majestad. Navegando entre lágrimas.
– Necesito que me des del océano, el llanto para mis ojos.
– Que me llenes la mirada con tormentas
– Que permitas que llore libremente, hasta anegar esa cavidad infinita, de modo que rebosada por mis lágrimas, pueda ser navegable.
– Encontrare entonces el camino de regreso a la calma que me hace tanta falta.
– Desde que el llanto abandono la cuenca desierta de mi alma…
– ¡Dame lagrimas Rey!
– Concédeme llorar.
– Dame la gracia inapreciable del llanto.
– Dame el llanto de un niño.
– Dame con ese llanto, el sabor salado del abandono/
– Dame el llanto de la esperanza, para que sobre mis ojos, pueda volver la luz del arcoíris.
– Dame el llanto definitivo del adiós, que me permita dejar de llorar, pero también, dejar de necesitarlo.
– Dame un llanto sin vuelta y sin remedio.
– No bastan los sollozos y los gemidos que se mueren en el umbral de la garganta.
– Necesito un torrente; una tormenta en la que tú presidas como un faro sereno.
– Dame el llanto Rey Pez;
– Hazme llorar de modo que la orilla de tu reino se extienda sobre la playa tan adentro, que se forme un estero donde jueguen mis hijos por las tardes/
– Dame el llanto
– Permíteme que llore.
– Dame Rey Pez para la tormenta, la voz del grito y el fragor del trueno.
– Dame la luz el eco que devuelva mi clamor infinito.
– Dame voz de huracán.
– Dale a mis brazos la fuerza de los vientos, para que formen olas gigantescas.
– Dame espuma perfectamente blanca que resalte la noche reflejada por la luz de la luna.
– Dame una tempestad en la que muera junto con mi tristeza; y al dia siguiente…
– …con las aguas tranquilas de mi ausencia, permítele a la playa mi recuerdo.
– Permite que me vaya arrebatado desde este mismo sitio;
– Desde este sitio exacto al que llegue de niño;
– Donde llegue a este espacio que tú habitas, Soberano del mar.
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