¡Dios te salve, Viridiana!

El 17 de mayo Viridiana cumplió 60 años de su estreno y de ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Ella sigue siendo hermosa, joven perpetua y virginal como siempre y para siempre, per...

25 de mayo, 2021

El 17 de mayo Viridiana cumplió 60 años de su estreno y de ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Ella sigue siendo hermosa, joven perpetua y virginal como siempre y para siempre, per saecula saeculorum, y mientras el mundo aguante porque para eso son los milagros; como el de la multiplicación de los talentos en tiempos duros de guerra, hambre, opresión y olvido en los que se gestaron los elementos que años después darían origen a la obra maestra.

Luis Buñuel llegó a México casi de rebote huyendo del fascismo que se había apoderado de España luego del Golpe de Estado de Franco. En México, una organización estalinista –dura como piedra pero disciplinada como reloj –privaba en los sindicatos cinematográficos y de la conjunción de una vida cultural intensa de más de 30 años. 

La estética y el lenguaje cinematográfico de México habían llegado, como en otras artes a cimas que, digámoslo de una vez, no hemos vuelto a ver. Además, en el refinamiento popular –oxímoron necesario– la perla del engarce fue fruto de esa política cultural que había creado actrices, guionistas y directores, pero también del milagro genético de la belleza y la gracia, el don del talento que siendo regalo no obedece a ninguna regla. Silvia Pinal iluminaba las pantallas deslumbrando como la Virgen y ocupando espacios blasfemos de disrupción y ensueño. De esos elementos se hace la cultura y no de otros, nunca de sumisión, jamás de indolencia y menos de conformismo. Ya me dirá usted, amable lector, para qué demonios sirven las políticas públicas en materia de cultura si no para evitar esos diablos habituales en todo sistema y no para otra cosa porque ya lo ve el tiempo que nos ha tocado, la cultura es cuestión de voluntad y de querer y hacer. 

Volviendo a la belleza de doña Silvia, tengo para mí que no han habido bellezas más grandes en nuestro cine que Lupe Vélez, Irasema Dillián, pero solo una enorme y gigantesca doña Silvia, pues su belleza no parte de la perfección de la simetría, de la dulzura del trazo, de la mirada inocente y atrevida, sino del valor con que hizo de ella un arma potente, del tamaño de la Velez si se quiere. La película se filmó en España, sí, en las narices chatas de Paquito y luego, la diva tuvo que destripar su abrigo de pieles para que pudieran ser salvadas de la destrucción y la incuria tan queridas para la Falange; porque así era la belleza de la Pinal: una, grande y libre. Si ya lo sé, cuestión de gustos y ahí no hay disputa, en términos de belleza, ya lo decía mi abuela: si gustos no hubiera, el amarillo no se vendiera.

Viridiana es la joven perpetua. A sus 60 es tan actual como en el día de su estreno, toca los temas que ahora nos preocupa: el cuestionamiento de nuestra racionalidad y el peso que damos a las tradiciones que nos ahogan y que nos maniatan frente a los retos; el punto del dogma y de la libertad; la necesidad de ensuciar y romper para volver a limpiar y construir; el punto en fin de la expresión como condición necesaria de las sociedades democráticas donde nadie pueda ser cuestionado por sus opiniones y sus creadores gocen de tanta libertad como pueda acreditar su talento.

Algún día habría que escribir y filmar la historia de Viridiana; la contradicción íntima entre la España de Franco que quería abrirse, por conveniencia, a la cultura mundial, pero sin convicción ninguna de modo que todo le salió al revés. Solo el concurso de la nave de los locos –Gustavo Alatriste, Silvia Pinal y Luis Buñuel– pudo permitir que una bomba como esa saliera de las entrañas del régimen rancio y oloroso de naftalina. En su tournée mundial, después de Cannes, en España se dieron cuenta de la manera en que la habían cagado, así con todas sus letras, de la forma en que le habían abierto la puerta al hereje fantástico, al anticlerical más creyente para contar el milagro de una última cena de facinerosos comiendo como trogloditas en la una de las mejores reproducciones de Da Vinci.

El tema de las obsesiones sexuales y religiosas de la monja camino a la corrupción, de los arquetipos destripados por el ojo del genio, ahora pienso que es el mismo ojo que se abre bajo la presión de la navaja en El perro andaluz, es solo el pretexto para hacer del cine una danza de metáforas sobre la imposibilidad del bien y la justicia, sobre la crudeza del valle de lágrimas en que nos ha correspondido vivir y que, pese a todo, la belleza hace posible de habitar.

Viridiana, como toda belleza excelsa estuvo sometida a las más terribles peripecias para florecer y ser admirada. A Muñoz Fontán, el director de Cinematografía y Teatro de Franco, lo echaron al otro día de la premiación cuando la prensa Vaticana escupió diablos y culebras contra la blasfema y herética película. Luis Miguel Dominguín tuvo que robarse la película para llevarla a París, con eso ya iban dos escapadas de Viridiana. En la capital francesa, Gustavo Alatriste, productor del filme, se jugó su capital y amistades para que la película pudiera ser copiada y divulgada por el mundo. Ya en casa, por miedo a problemas sociales, políticos y diplomáticos la obra se resguardó un poco, pero en 1962 se estrenó en el cine Orfeón que campeaba en la calle de Luis Moya.

Feliz cumpleaños, Viridiana. Alabada sea tu belleza mientras sigamos gimiendo y llorando en este valle de incuria, hasta que los creadores, el público y el necio e irredento talento mexicano se imponga de nuevo. Así sea.

 

@cesarbc70

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César Benedicto Callejas
César Benedicto Callejas. Licenciado en Derecho, por la Universidad Iberoamericana, Doctor en Derecho por la UNAM. Título de Especialista en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante, España. Miembro del Taller de creación literaria de la Capilla Alfonsina. INBA. Ha desarrollado cargos de asesoría y consultoría en el gobierno federal, la Facultad de Derecho y la Oficina del Abogado General de la UNAM, el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Académico en diversas instituciones nacionales y extranjeras por más de veinte años. Conferencista en México otros países. Ha dirigido y producido el blog literario “Cisterna de Sol” por más de diez años. Autor de los libros: “Argumentación Jurídica en la formación y aplicación de Talmud”, “Siete ensayos de interpretación sobre la utopía latinoamericana”, “Cisterna de sol” y “Los minutos de Ulises”; se encuentran en preparación para próxima publicación: “Digno es el cordero”, novela negra, “La niña que esperó al rey de Inglaterra”, ensayos biográficos y “Los frutos del desastre”, novela futurista sobre las consecuencias de la pandemia en México. Colaborador de Ruiz-Healy Times y Excésior.
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