Querida Tora: No me gusta nada eso de que tu mamá me mande saludos, ya que siempre me ha odiado y hasta voltea la cara…
Querida Tora:
No me gusta nada eso de que tu mamá me mande saludos, ya que siempre me ha odiado y hasta voltea la cara cuando se cruza conmigo en la calle. Algo ha de querer. Seguramente quiere que vayas con el innombrable a alguna fiesta. ¿Me equivoco? Me extrañaría mucho. Ya me enteraré, aunque no me lo digas tú. Y no es brujería; es sentido común, investigación, conocimiento de las hembras de nuestra especie y, no lo niego, un poco de chisme. Porque tengo amigos… y amigas… que velan por mis intereses. Así que ándate con cuidado, que las paredes oyen, los techos escuchan y los pisos ven y anotan. Por eso, en este planeta, a cientos de miles de kilómetros (más bien millones) puedo saber lo que haces. Y con quién. Dile a tu mamá que le agradezco sus saludos, y que se los devuelvo.
Hubo una reunión del Consejo de Vecinos con el Administrador (vulgo portero). Por nada en especial, sino que han decidido reunirse una vez al mes para examinar los problemas que se presenten. Se reunieron y se saludaron muy contentos; el portero dijo que allí no había problemas y que, por lo tanto se fuera cada quien a sus actividades, y corrió hacia la puerta. Pero no lo dejaron salir, y le enumeraron todos los problemas que tienen (ya sabes, los de siempre más otros que dejaron “para mejor ocasión”).
El del 7 le exigió (fíjate en la palabra que estoy usando) que resolviera el problema del agujero en el patio a la brevedad posible. Al portero se le torció la boca, que yo creí que se iba a quedar así, y dijo que ya tenía apalabrados unos trabajadores (le tembló la voz cuando dijo eso, por lo que creo que era mentira) y que en dos días le iban a traer un presupuesto, que sometería a la aprobación del Consejo; y que si no tenían ningún otro asunto él se iba, porque tenía mucha hambre.
El del 7 le contestó que ya habían enumerado todos los problemas, pero que podían esperar a conocer ese presupuesto, pues no querían presionar demasiado. El portero les dio las gracias por ser tan considerados, y repitió que tenía mucha hambre porque no había tenido tiempo de comer por estar examinando el agujero. Y que, a propósito del agujero, debían pedir una cuota extraordinaria para dar una gratificación a sus guaruras por el “extraordinario trabajo” que hacían en materia de seguridad de la vecindad.
Todos se opusieron a la cuota, pero el portero los amenazó con despedir a los guaruras, que tenían derecho a sueldo, gratificaciones, bonos y otras prestaciones, visto lo peligroso de su trabajo. Se armó una discusión tremenda; y por fin llegaron a la conclusión de que cada inquilino diera lo que pudiera (o quisiera), y que no se les iba a reprochar si no podían dar nada.
Todos los vecinos que estaban afuera aplaudieron a rabiar; pero el portero hizo un entripado que lo llevó con las muchachas del hotel de junto (no pidió que le llevaran a una, pues como que tenía prisa). Lo mismo que aquella muchacha que se enojó por lo de su fiesta de quince años, ¿te acuerdas?, y que tuvo tres hijos (ya son cuatro, porque el papá no quiso hacerle fiesta de 30 años, que son dos quinces, ¿te fijas?. Claro que el portero no va a tener hijos, es incapaz de tenerlos; ni tampoco nadie los va a tener por él, pero te lo cuento para que veas cómo es este señor, que cuando se le bajó el entripado se fue al King’s a echarse unos “Red Hot Chilaquiles with Huarache”, que por cierto son verdes. Y ahí, mientras echaba humo “red hot” por las orejas, pidió a un guarura que le llevara a “La Flor de Humo y Terciopelo”. No sé si es porque las muchachas del hotel no lo satisficieron o si se trata de alguna fiesta que quiera organizar.
Vamos a tener que esperar un poquiito para ver qué pasa, que la cosa ya se puso interesante. Mientras tanto, los gatos vamos a hacer unas manifestaciones para protestar por la reducción en la cantidad de pellejos que nos dan algunos vecinos. En las horas de más tránsito (en las mañanas, cuando todos corren porque se les hace tarde) nos vamos a poner a dormir en los pasillos; y si alguno nos pisa la cola, nos le vamos a echar todos encima, lo encerramos en su casa y nos ponemos a hacer aguas menores y mayores en la puerta de su vivienda.
¿No entiendes eso de “aguas menores y mayores”? Pero sí es muy gráfico. Casi no quería ponerlo, temiendo disgustarte por mencionar esas cosas, pero es que no se puede aguantar. Hay muchos gatos viejos, que ya no pueden correr ni saltar como los jóvenes, y seguido se quedan sin probar bocado. Yo no me quejo. Puedo dar buenos zarpazos, pero la gatita rubia tiene muchas dificultades para conseguir hincarle el diente a algo, y ni modo que yo me quede nadie más viendo.
Bueno, hasta la próxima.
Te quiere,
Cocatú
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