Querida Tora:
Querida Tora:
Los muchachos se casaron y se fueron de luna de miel, ¿a dónde crees? Al hotel de junto. Estuvieron tres días, porque se les acabó el dinero; y tuvieron que regresar a vivir con la mamá de la novia. Les dieron el sofá de la sala “para que pudieran ver la televisión todo el día sin levantarse”. Pero ellos querían estar solos y entonces tenían que irse al hotel sin que los vieran, porque la señora no quería “que confundieran a su hija con lo que no era”. Esas noches tenían que ir a cenar al “King’s”, porque en la casa ya no alcanzaban nada. Siempre cenaban “Chichimecan Chimichangas”, que es lo más barato que tienen. Yo los ayudo siempre que puedo: les robo algunos pellejos a los compañeros y se los dejo en la ventana. Ellos ya se dieron cuenta, y me acarician cuando me los encuentro en los pasillos. Lo malo es que no les gustan los pellejos, y a veces los tiran (pensando que yo no me entero; pero yo los saco de la basura y me los como).
Pero te voy a contar lo que les hizo el portero, a las dos familias. Como todos se negaron a pagar el “impuesto” del “shower”, los metió al programa “Todos los Días Sin Baño”. Hizo el programa especialmente para ellos y consiste en que los guaruras no les permiten usar los baños nunca, aunque tengan que amenazarlos con sus ametralladoras (que es lo que han hecho, y los departamentos cercanos a los baños ya están llenos de agujeros). La situación se ha hecho intolerable; sobre todo, porque los niños están de vacaciones y no pueden usar los baños de las escuelas. Y en el “King’s”, además del consumo que les exigen tienen que comprar un boleto para usar el baño (idea de ya sabes quién).
Una noche en la que estaban todos desesperados porque habían bebido mucho refresco, a la familia del muchacho se le ocurrió descolgarse desde la azotea. Así lo hicieron varias veces, hasta que en una ocasión la abuela les avisó demasiado tarde, y a los guaruras les llovió con ganas. Entonces pusieron a un guarura en la azotea con rifle y prismáticos, y ya no se pudo descolgar nadie.
Luego, intentaron hacer un túnel desde el agujero a los baños. Pero se encontraron con una zona rocosa, que no pudieron atravesar. Lo intentaron todo salvo la dinamita, porque hace ruido y se iban a enterar.
Entonces, empezaron a usar el agujero del patio. Ahí el problema fue la abuela (como siempre); tiene las articulaciones agarrotadas, y al subir y bajar le crujen todas. Tardaban una barbaridad en moverla y siempre tenían el terror de que la oyeran.
A alguien se le ocurrió llevar a la abuela a vivir al hotel de junto, lo cual les salía muy caro, pero les evitaba muchos problemas. A la señora le daba miedo quedarse allí, sola; pero acabó por aceptar, para no mortificar a las familias. El portero no tardó en enterarse y pensó en pedir a las muchachas del hotel que la echaran; pero luego lo pensó mejor y envió a a uno de sus guaruras al hotel, le dijo en qué cuarto estaba la abuela, y le ordenó cumplir con su deber. Y allá va el guarura, no muy convencido; pide la llave del cuarto, le dicen que la tiene la huesped y allá va el valiente, decidido a abrir la puerta de una patada. Así lo hizo, y al entrar al cuarto le cayó encima una cubeta de agua con hielo, que lo dejó agarrotado de frío. La abuela lo desnudó, le dio una friega con alcohol y lo metió a la cama, arropándolo muy bien, “no le fuera a dar una pulmonía”. (Lo de la cubeta fue idea de uno de los nietos; y lo del hielo, del más chiquito de ellos, que es la piel del diablo).
Total, que se hicieron muy amigos; y el guarura le dijo que volviera a la vecindad, que él se encargaría de que ella y toda su familia (incluyendo a los parientes de la muchacha) pudieran usar los baños. Es uno de esos casos en que la política es vencida por la naturaleza, porque el portero tuvo que doblar las manitas, hacer como que no pasaba nada y hasta devolverles las credenciales que les había quitado. La verdad es que el portero quedó muy bien con los vecinos y hasta se ganó algunos adeptos.
Bueno, hasta la próxima; que será muy pronto, porque aquí suceden muchas cosas.
Te quiere,
Cocatú
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