CARTAS A TORA 280

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana.

2 de septiembre, 2022 CARTAS A TORA

Querida Tora:

Estos días, doña Sura ha estado en boca de todos. Primero, por lo que sucedió la semana pasada. Y luego, esta semana… Aunque lo de esta semana no es culpa suya; más bien es culpa mía.

Te explico. La señora del 37 me echó unos pellejos, que yo cogí con  la boca para irme a comerlos en un rincón, con calma y sin presiones. Pero cuando iba por la puerta del 43 se me vino encima Pucho. ¡Condenado animal! Me ladró y me enseñó los colmillos y hasta la garganta así, de repente, y me sobresaltó. Sin quererlo, solté los pellejos y me trepé al barandal del pasillo, Pucho se estuvo ahí un rato, ladrándome y brincando para alcanzarme, y ya estaba yo pensando en tomar mi apariencia normal, a ver si lo mataba del susto, cuando llegó su dueña para llevárselo. Pero para entonces, ya Pucho había mordisqueado y destrozado los pellejos. Yo, la verdad, no como nada que otro haya mordido ni olisqueado, así que me fui tranquilamente.

Pero el día siguiente, la vieja del 43 salió de su vivienda y vió los pellejos masticados, y se puso a gritar que le estaban haciendo brujería. “¡Y de las malas!”, vociferaba, “porque me echaron en la puerta un pedazo de carne sanguinolenta”. Se armó un alboroto espantoso. Todos corrieron a ver el sangriento despojo, y nadie se atrevía a cogerlo para deshacerse de él; por fin, fueron a llamar a doña Sura. Esta vio de lo que se trataba, y con un palo largo y fuerte levantó la carne y la fue a echar al basurero de la calle “para que no quedara su influjo en la vecindad”. Dijo muchas cosas en idiomas extraños e hizo cantidad de desfiguros en plena calle para tranquilizar a los vecinos. Pero la del 43 estaba verdaderamente angustiada; y más porque al subir al primer piso se resbaló en la escalera y rodó hasta abajo. No le pasó nada, pero ella dijo que eso era el principio del fin. Y cuando a mediodía se le quemó la sopa, su angustia escaló cumbres verdaderamente inaccesibles.

Los vecinos urgían a doña Sura a que hiciera algo para alejar la brujería de la vecindad, pero ella decía que lo que procedía era hacerle una “limpia” a la vivienda. Y así se hizo. Pero ese mismo día, a la señora del 43 le dio un telele (no te canses. No lo vas a encontrar en el Diccionario Inter-galáctico, pero ya te imaginarás lo que es), y los vecinos se alarmaron mucho más todavía. Ya hasta estaban pensando en contratar al Gran Brujo para que les hiciera el trabajo; sobre todo, porque la señora ya estaba empezando con el sonambulismo, y se tenían que turnar para evitar que se cayera de la azotea o se metiera a los cuartos de los ninis; porque en ese caso, quién sabe lo que pudiera ocurrir.

Los más exaltados ya estaban empezando a culpar a doña Sura de todo lo ocurrido, querían darle un castigo ejemplar y obligarla a confesar quién le había pedido el maleficio para la señora del 43. Doña Sura negaba su participación en el asunto; pero cuando los ánimos se exaltan, es muy difícil apaciguarlos. Yo estaba muy preocupado, porque si hubiera recogido los pellejos masticados, nada hubiera sucedido; y se me hacía injusto que la tomaran contra doña Sura que, después de todo, es buena gente. Así que decidí intervenir.

Estuve pensando mucho la manera de resolver el asunto sin que se me notara que era yo quien lo hacía; pero, al fin, la encontré. Y la primera noche de luna llena… Esto de la luna llena me lo inventé. Pero es que con frecuencia asisto a las consultas de doña Sura, y ella siempre dice a sus clientes que hagan las cosas en noches de luna llena. Y por si acaso…

La primera noche de luna llena, pues, me fui al baldío de atrás de la vecindad y me puse a buscar flores. No sé cómo se llaman ni si tienen alguna utilidad; pero las flores siempre son bonitas (a menos que las empleen con fines malignos, según dice nuestra bruja de cabecera). Hice un pequeño ramo, y cuidando que nadie me viera, lo fui a dejar ante la puerta del 43. Justo a tiempo, porque un minuto después salía sonámbula la inquilina y vio el ramito. Sonámbula, sí, eso dije. Pero si estaba dormida, no sé como pudo ver el ramo.

El caso fue que lo recogió y se puso a gritar, pero de alegría. Salieron todos los vecinos; y, entre ellos, doña Sura. Es muy lista esta señora, porque al darse cuenta de la alegría de la del 43, dijo que entre las flores que le habían dejado había unas muy efectivas para contrarrestar el mal de ojo y las influencias perniciosas; que seguramente la persona que dejó la carne sangrienta se había arrepentido y había querido componer el desaguisado.

Santo remedio. Los vecinos empezaron a vitorear a la “arrepentida”, a proclamar su innata bondad y a pedir su intercesión contra “los malos espíritus que nos rondan por las noches”. Hasta hubo una vieja que propuso que le hicieran un altarcito a la entrada de la vecindad. El portero dijo que lo iba a pensar, y que le hicieran un presupuesto.

Esa misma noche pusieron manos a la obra, y a las ocho de la mañana entregaban el presupuesto. Pero como despertaron al portero, lo encontraron de mal humor; y la respuesta que obtuvieron fue que era demasiado caro. (aquí, entre nos, te diré que cualquier cosa que pase de diez pesos le parece al portero demasiado caro). Los vecinos (sobre todo, la del 43) se retiraron, desilusionados; pero el chavo del 17, que es medio artista, hizo un dibujo de la Santa Arrepentida; luego sacó copias y las vendió a los vecinos como ”estampitas de protección”: Le fue bastante bien en el negocio.

Para que veas todo lo que puede provocar un ladrido a destiempo.

Te quiere

Cocatú

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Enrique Delgado Fresán
Traductor, escritor e Ingeniero Químico por la UNAM, con experiencia laboral de más de 40 años en distintas industrias. Como traductor cuenta con una amplia trayectoria. Ha traducido del inglés al español alrededor de 30 obras de teatro de diversos géneros (comedia, drama, musicales), tales como: “El Hombre de La Mancha”, “El Violinista en el Tejado”, “El Reino de la Tierra”, “Sálvese Quien pueda”, “Sabueso” y “Cabaret” entre otras. Cuenta con la Certificación de Perito Traductor del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, con el No. 43 en la lista de Traductores e Intérpretes en Inglés donde en aproximadamente lleva 10 años haciendo traducciones de diferentes tipos. Ha publicado en revistas como “España”, “Mire”, “Aspectos”, “Istmo” y un libro llamado “Los Beatles. Una historia irrepetible”. Es autor de cinco obras teatrales. Ha escrito guiones televisivos para diversos programas. En 2016, la Sociedad General de Escritores de México le otorgó la presea “Caridad Bravo Adams”. Contacto: [email protected]

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