CARTAS A TORA 242

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ve en ese...

24 de septiembre, 2021 CARTAS A TORA

Querida Tora:

Estoy deprimido. Me enteré de la historia del vecino del 59, y caí en la depresión. Hasta estoy dudando de contártela, no te vaya a pesar lo mismo. Pero no. Eres fuerte. Ahí te va.

Este señor trabajaba en una armadora de coches, y tenía un puesto regularcito. Pero era flojo, y el día que cumplió 50 años decidió que se había cansado de trabajar, y se puso a pensar qué hacer para no trabajar más. Inventó muchas cosas, pero ninguna le satisfizo. Hasta que se le ocurrió algo muy efectivo: sacarse un ojo.

Claro que no era cosa de jalarlo y cortar el nervio óptico con tijeras ni de clavarse un cuchillo, porque se vería la intención. Tenía que parecer un verdadero accidente. Lo pensó un poco, pero no fue tan difícil: trabajaba en la sección de ensamblado, y había que soldar muchas piezas, así que lo que hizo fue fingir un tropezón y dirigir la punta de la soldadora al ojo. Le dolió hasta el alma, y los gritos que lanzó fueron de verdad. Pasó algún tiempo hospitalizado y tardó unas semanas en vencer la burocracia, pero al fin logró que le dieran una indemnización por el accidente “clarísimo” que lo había incapacitado. Y salió de las oficinas de la empresa con un jugoso cheque y un parche negro en el ojo que le daba aspecto de pirata, pensando en organizar un “chupe” de toda la noche con los cuates para celebrar el triunfo. Pero en la puerta lo alcanzó un funcionario, para decirle que al día siguiente tenía que presentarse a trabajar, porque la pensión no se había autorizado, ya que “con un ojo podía ver lo mismo que con dos”, y eso no le impedía trabajar.

No sabes el coraje que hizo. El “chupe” ya no fue con los cuates, sino de él solito, y al día siguiente se lo descontaron porque no se presentó a trabajar.

Los compañeros le reprochaban haber sacrificado un ojo; pero él se empeñaba en que había hecho bien, pero que no había contado con  la rapacidad de la empresa, que era incapaz de auxiliar a un obrero caído en la desgracia. Y así estuvo como un año, maldiciendo todos los días a la empresa.

Pero ¿qué crees? Que en el ojo sano le empieza a salir una catarata (en este caso, catarata no es una caída de agua en el campo, no te espantes; es una especie de mancha que aparece en el ojo y que crece, y puede llegar a causar ceguera). Todo el mundo le daba remedios caseros y de los otros para curarse, y el médico de la empresa le aconsejó operarse. Pero él dijo que nones, que qué tal si al operarlo le desgraciaban el ojo, y lo dejaban ciego. Y empezó a documentarse, para saber qué podía comer que acelerara el crecimiento de la catarata, y se dedicó a comer exclusivamente eso (no te digo qué, porque allá no lo tenemos; pero acepta mi palabra de que hay cosas que aceleran ese proceso). Total, que ya ve muy poco; y dentro de nada (de nadita de nada, como dice él) tendrá que dejar de trabajar. En la empresa le ordenaron (así como lo oyes: le ordenaron) que se operara; pero él pidió ayuda a un abogado, quien amenazó a la empresa por querer obligarlo a atentar contra la integridad de su cuerpo. Total, que el abogado dijo tantas cosas que la empresa pensó que era más barato pensionarlo que gastar en abogados y juicios, y le dieron  la pensión. 

Ahora, el del 59 está completamente ciego, y muy contento en su casa, recibiendo todos los meses su pensión y siendo atendido por la esposa. Pero no puede ver lo que la mujer hace con el leguleyo que lo defendió, quien no quedó a gusto con lo que le pagó y le exige una “compensación” a la señora (que ella le da muy a gusto); y tampoco puede ver lo que le roban sus hijos de los ahorros que tiene debajo del colchón ni lo que lo hacen los amigos cuando van a visitarlo (que no sé por qué, cada semana tiene más visitas). Pero él está muy satisfecho “porque doblegó a la empresa a hacer su voluntad”, y siempre que hay oportunidad se pone como ejemplo de lo que debe hacer un obrero que se respete.

¿Te deprimiste? A mi me parece horrible lo que este hombre hizo. Y todo por la pura flojera.

Te quiere

Cocatú

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Enrique Delgado Fresán
Traductor, escritor e Ingeniero Químico por la UNAM, con experiencia laboral de más de 40 años en distintas industrias. Como traductor cuenta con una amplia trayectoria. Ha traducido del inglés al español alrededor de 30 obras de teatro de diversos géneros (comedia, drama, musicales), tales como: “El Hombre de La Mancha”, “El Violinista en el Tejado”, “El Reino de la Tierra”, “Sálvese Quien pueda”, “Sabueso” y “Cabaret” entre otras. Cuenta con la Certificación de Perito Traductor del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, con el No. 43 en la lista de Traductores e Intérpretes en Inglés donde en aproximadamente lleva 10 años haciendo traducciones de diferentes tipos. Ha publicado en revistas como “España”, “Mire”, “Aspectos”, “Istmo” y un libro llamado “Los Beatles. Una historia irrepetible”. Es autor de cinco obras teatrales. Ha escrito guiones televisivos para diversos programas. En 2016, la Sociedad General de Escritores de México le otorgó la presea “Caridad Bravo Adams”. Contacto: [email protected]
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