Su nombre remite de inmediato a la música pop y a la televisión. Pero hace medio siglo, el productor Luis de Llano fue uno de los responsables de organizar el festival Avándaro, una versión mexicana y modesta de Woodstock que logró convocar a unos 250 000 asistentes cuando apenas esperaban 2000. Este hecho ayudó a abrir paso al género del rock a nivel nacional.
En su libro Avándaro. 50 años. Cuando el rock mexicano perdió la inocencia, que publica el sábado Ediciones de Lirio, De Llano recuerda el caos de la organización, los días que duró el festival y, sobre todo, el escándalo y la censura que cayeron sobre el evento realizado el sábado 11 de septiembre de 1971 en un valle boscoso a 150 kilómetros (93,2 millas) de la Ciudad de México.
“Después de que terminó el concierto, nos cayó encima todo el poder de la liga de las buenas costumbres, el poder gubernamental y la opinión pública y los medios sensacionalistas. Todos, menos los jóvenes, nos hicieron pedazos”, escribe De Llano.
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