Desde el día de ayer en las redes sociales publicaron videos donde los asesinatos a mansalva, con alevosía, con ventaja y una maldad intensa son los protagonistas. Uno, la ejecución de una empleada de una farmacia en Michoacán, que por el terror de tener un pistola (al parecer un revolver calibre .38 especial o .357 mágnum) no pudo abrir la caja de la tienda para darle el dinero al delincuente y le dispara primero en la cabeza y después en otras partes del cuerpo. Acto seguido va con la otra cajera que se tardaba en darle al cómplice el video y solamente alcanza en darle unos pocos billetes, lo cual le basto al ejecutor de su compañera, para que le disparara en varias ocasiones desde varios ángulos, porque la joven trató de esconderse.
Qué desgracia e impotencia. Aun así, surge otro video, de esos tantos de robos en carretera, todo hubiera terminado si las víctimas hubieran dejado irse a los delincuentes y no seguirlos, pero el conductor se envalentona, por el anhelo de tener pruebas de la identidad de los delincuentes armados y los empareja tomando video el copiloto (hijo del conductor) y acelera, pero los delincuentes con más derechos les dan alcance y matan en el ataque a balazos al hijo del conductor, de ahí solo el sonido de los gritos de desesperación del conductor víctima del robo y padre de la víctima mortal, son desgarradores y lastiman a todo el pueblo, ya sea bueno o malo.
¡Ya Basta! Muchas voces piden que se haga justicia verdadera. Esta justicia debe tener el mismo efecto que tuvo la víctima y aplicarse a los delincuentes, si matan que les den pena de muerte. Si violan, que ejecuten a los voladores porque matan en vida a sus víctimas.
Una anciana tapachulteca en una “combi” del Transporte Público de Tapachula, al cobrarle la nueva tarifa abusiva de $10 pesos, dijo muy molesta: “¿Cuándo van a levantarse los hombres para hacer justicia? Ya no hay hombres como antes que vivían y defendían la justicia y el honor… ¡Esta tarifa no es justa!”…
El pueblo está harto de tantas injusticias y muertes sin sentido, ya basta de mimar a los delincuentes con ayudarlos en combatir las causas que los convirtieron en asesinos, ladrones, sicarios y voladores. La violencia no es causada por la pobreza. La violencia es causada por el mal, y ese mal se ve alimentado y abrazado por la impunidad y por la inacción de las autoridades armadas para poner orden y suprimir, inhibir los delitos que ahora le ponen el nombre rimbombante de ¡Alto Impacto!
Mientras tanto, se discuten, de maneras draconianas, cambios a un sistema judicial que es perfectible en el marco de la independencia del Poder Judicial, pero que no se discute en el marco de defender a las víctimas de crímenes de cualquier tipo y resarcirles el daño y castigando sin ningún derecho a los delincuentes. Así se le escupe en la cara a las víctimas de cualquier delito. ¡Ya Basta!…
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