Urge en México un partido ecologista, pero no uno tatuado con la marca del obsceno oportunismo político de ADN patrimonialista que usurpe banderas tan nobles como lo que engloba el ambientalismo y todo los que (aseguran todavía) representar.
Ojalá en los próximos registros de nuevos partidos políticos en México, ya con una nueva legislación electoral, surja un instituto político a nivel nacional de esas características porque, en los casi siempre triste hechos, no existe en nuestro país. El PVEM no goza de buena interlocución con partidos homólogo en otras partes del mundo, ni siquiera con ONGs, ya no digamos extranjeras, sino nacionales.
Activistas de todo tipo gritan a los cuatro vientos una desconexión total y políticas y decisiones retrógradas y aún opuestas a sus supuestas causas. No hay, pues, alianzas sólidas con organizaciones de la sociedad civil de índole ecologista que respalden a ese partido político. De hecho durante décadas se las ha arreglado para subsistir en su registro con vida artificial dadas sus alianzas con (ya hoy se puede afirmar) todas las fuerzas políticas según para donde sople el viento asemejando a una rémora, siendo además casa de juniors de la política mexicana, que entran al servicio público con todo en la cabeza excepto con vocación de servicio alguna, sino mirando, si y sólo si, por sus intereses personales o de grupo.
Un partido político pues (legitimo) que enarbole esas banderas, y que mantenga sólidos vínculos con la sociedad civil organizada (nacional y extranjera) y el pueblo de México, sería una bocanada de aire fresco; un partido verde que vea en pos de nuestros vulnerables ecosistemas; una organización política que cuente con estatutos y programas de gobierno completos que sume al proceso político mexicano, así como para el sistema de partidos políticos en México, un país que aún hoy, no atina a consolidar del todo su transición democrática, iniciada en el (ya no tan cercano en el tiempo) periodo 1997-2000.
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