El presidente Donald Trump pretende con sus políticas migratorias y comerciales arancelarias abrir más y más puestos de trabajo para los estadounidenses. Pero, ojo, que quizás el señor se quedó congelado en los tiempos de los baby boomers de la posguerra, en el que en el pueblo yanqui existía un proclividad natural hacia el trabajo duro y al sacrificio, pero, ¿vive hoy el mismo escenario el país de las barras y las estrellas?
Los datos nos dicen que no necesariamente. Las juventudes norteamericanas no están tan dispuestas ni tan calificadas para ocupar millones de plazas, por ejemplo, en la industria de la construcción (por citar sólo una) en la que hay estados en los que la mitad de esas plazas son ocupadas por migrantes, mexicanos en una mayoría significativa.
Hoy Trump estira la liga demasiado, colocando en un peligroso escenario de estancamiento económico a su propio país y además de lógica espiral inflacionaria. Es que, vamos, ni suponiendo que grandes plantas instaladas en México y Canadá se trasladasen con sus instalaciones a los Estados Unidos se tiene certeza alguna que sus ciudadanos harían largas filas para aprovechas esas vacantes, es más, tampoco de que (en el caso de eso pretender) estén calificados para ello.
Estados Unidos está a años luz de países cómo la actual China, la cual está firmemente dispuesta a sacrificar el bienestar de generaciones de cientos de millones de sus ciudadanos de hoy para una prosperidad del mañana; eso en los Estados Unidos no existe más. Ese país se ha convertido más en el paraíso de las finanzas de casino más que de la economía productiva y real; más en el reino de la inmediatez qué en el del otrora sueño americano orientado al trabajo duro y generalizado.
Lo anterior lo vemos en las escandalosas cifras de adicción a sustancias tóxicas. Muchos argumentarán que es un país que aprovecha sus grandes talentos para crear valor agregado en segmentos como el tecnológico sin quizás caer en la cuenta de que dicho país cada día depende más de visas especiales expedidas a extranjeros brillantes con talentos especiales y formación académica de excelencia.
Ojo, que para los Estados Unidos el futuro ya no es lo que era, en parte por abusar de su divisa hegemónica y sesgadamente aceptada en todo el mundo, también por su liderazgo militar incuestionable. Lo anterior, sumado al haber caído en LA TRAMPA CHINA, que tuvo como gancho en sus primeros años la mano de obra muy barata, condiciones fiscales difíciles de no hacer sucumbir a la tentación, pero con una ESTRATEGIA que hoy ya da sus frutos, que nacen de la transferencia de tecnología de ese periodo, principalmente, lo cual redunda en un nuevo mundo comercial y de divisas multicolor y ya no hegemónico, como así lo fue en todos los lustros que siguieron a la caída del muro de Berlín.
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