El martes 1 de octubre fue una fecha histórica. Claudia Sheinbaum llegó a la Presidencia de la República como la primera mujer en asumir ese cargo en México. La mandataria recibió la banda presidencial de la mano de Ifigenia Martínez, la histórica figura de la izquierda mexicana, en presencia del presidente saliente Andrés Manuel López Obrador.
La ceremonia oficial contó con la asistencia de decenas de presidentes, vicepresidentes y diplomáticos del mundo. Tras rendir protesta, se llevó a cabo un encuentro en Palacio Nacional con todos los presidentes asistentes al evento.
Sheinbaum convocó a sus seguidores a un evento masivo en el Zócalo capitalino, sobre las 16.00 horas, en el que se acompañó con gente de Morena y participó en la ceremonia indígena de entrega del bastón de mando junto con un grupo de mujeres indígenas procedentes de cinco diferentes regiones del país y con representantes de 70 pueblos indígenas y afromexicanos.
La mandataria en su discurso hizo referencia sobre la importancia del tema de la visibilidad que quiere darles a las mujeres en su gobierno:
“Durante mucho tiempo, las mujeres fuimos anuladas. A muchas de nosotras nos contaron desde niñas una visión de la historia que nos quería hacer creer que el curso de la humanidad era protagonizado únicamente por hombres. Esa visión se ha ido revirtiendo”.
Sin embargo, cuando menciona los héroes que nos dieron patria Sheinbaum mencionó algunos héroes y heroínas que han sido difundidos por la historia oficial de nuestro país y dejando de lado nombres de heroínas que permanecen en esa “invisibilidad histórica”.
Desde mi punto de vista como historiadora, en esa lista sintética Sheinbaum hubiera dado voz a una cuantas heroínas anónimas por ejemplo hay mujeres en el desarrollo histórico de nuestro país que únicamente se le conoce el mote, otras que está registrado solamente su nombre y primer apellido (datos inconclusos) y de esta manera rendir tributo y reconocimiento. ¿Por qué reproducir lo que sabemos? ¿Qué fue lo nuevo o bien la novedad científica? En voz de la presidenta Claudia (cito de manera textual): “solo lo que se nombra existe”.
Después de escuchar el discurso de Claudia Sheinbaum, esperemos que con el devenir del tiempo pueda lograr una identidad discursiva propia, es decir, que le imprima su “sello personal identitario”, como decía la escritora Rosario Castellanos “basta con respirar con un pulmón ajeno”.
Para Sheinbaum, los retos y problemas heredados del gobierno saliente son muy delicados y un mal que corroe a México como narcotráfico, inseguridad, salud, educación y la unidad de todos los ciudadanos.
Esperemos escuchar en la narrativa de Sheinbaum que el tratamiento de sus discursos sea con una visión integradora y no excluyente sin perder de vista la población objetivo: México.
¡Tiempo al tiempo!
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