Se realizó la histórica revocación de mandato

La primera consulta de revocación de mandato, realizada el pasado 10 de abril, fue un éxito. Participó un poco más del 17% del padrón electoral. Respecto a los resultados, el 91% se proclamó a favor de que...

14 de abril, 2022

La primera consulta de revocación de mandato, realizada el pasado 10 de abril, fue un éxito. Participó un poco más del 17% del padrón electoral. Respecto a los resultados, el 91% se proclamó a favor de que el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) continúe en el cargo hasta el final de su mandato. A pesar de las innecesarias confrontaciones entre algunos consejeros electorales y el partido en el poder, el ejercicio democrático se realizó con una disminución considerable en el presupuesto requerido que impidió instalar la totalidad de las casillas de los procesos federales pasados.

Como una fiesta cívica más, adultos mayores, simpatizantes del régimen y no pocos detractores acudieron a votar en un importante número en el ejercicio de democracia participativa que sin embargo no logró ser vinculante, al no alcanzar el 40% del padrón electoral. 

El INE como organismo autónomo cumplió con la organización, brindó certidumbre al proceso, a pesar de los protagonismos exacerbados del consejero presidente Lorenzo Córdova y del irascible Ciro Murayama que de plano pareció un representante opositor más que un árbitro neutral en la siempre difícil democracia incipiente mexicana.

Al amago del presidente del INE de buscar anular el proceso electoral tendría graves consecuencias, aunque le asiste la razón debido a que en la semana previa a la realización de la votación revocatoria, el mismo secretario de gobernación, Adán Augusto López y la mayoría de los gobernadores de morena, incluida la jefa de Gobierno, se lanzaron con todo a fomentar la participación ciudadana del pasado domingo. Muy poco les importó los llamados del INE a moderar sus comentarios que manchan un poco el exitoso proceso de derecho ciudadano.

La oposición tan frágil y a veces tragicómica, nunca supo cómo enfrentar un proceso electoral que, en otras circunstancias, hubiera sido la puntilla contra el régimen morenista. La oportunidad de jubilar anticipadamente el mandato de su odiado rival AMLO era la guinda triunfal que conjuntaría los esfuerzos de los amplios sectores poblacionales que no concuerdan con su actuar político.

En una contradicción pueril, en años previos al ejercicio revocatorio, una parte de la trasnochada oposición exigió la renuncia inmediata del presidente, después cuando se supieron incapaces de articular un movimiento común que culminara con la revocación presidencial, se escudaron en la defensa de la legalidad del periodo constitucional del mandato.

La oposición estridente y sin muchas ideas, no quiso medir sus fuerzas reales contra la enorme popularidad del presidente que ya les propinó en las urnas una derrota estrepitosa que les hizo articularse en una sola fuerza, regenteada desde las poderosas cúpulas empresariales, que prometió sin éxito arrebatar la mayoría del congreso de la unión para dominar el presupuesto y gobernar desde las curules. 

El miedo a una segunda derrota fue el freno que hizo travestir el discurso opositor que pasó de la exigencia de la renuncia inmediata al “acabas y te vas”, promoviendo la abstención en un ejercicio que ofrecía el regalo de culminar anticipadamente un régimen que han criticado, con razón o sin ella, pero que no se atrevieron a enfrentar nuevamente en las urnas.

Aunque las interpretaciones legales marcaran que la revocación de mandato podría no aplicarse en forma retroactiva de resultar vinculante la consulta ciudadana, la derrota moral de un ejercicio revocatorio hubiera sido mortal para el proyecto morenista. Un resultado a favor de la renuncia del presidente sería demoledor de cara al proceso sucesorio, minando las posibilidades reales de triunfo del delfín presidencial.

A la aletargada oposición le faltaron números y argumentos lógicos para intentar derrotar al presidente que a pesar los magros resultados en seguridad pública, la dolorosa crisis sanitaria por la pandemia mundial de Covid-19, además de la terrible crisis económica, conjuntada con la alta inflación derivada de la invasión a Ucrania, aún mantiene cifras altísimas en su popularidad.

El ejercicio democrático es de gran valor ya que cimienta la construcción de una cultura participativa, quizás el momento en que se realizó no era el mejor debido a la crisis económica presente, las grandes necesidades de recursos para sectores tan golpeados como la salud pública, la seguridad, el fomento económico y los no pocos pendientes históricos en el país.

La fuerza de Morena es innegable, tres de cuatro votantes del 2021 regresaron a apoyar el llamado presidencial, sin un incentivo de peso como era un peligro real de pérdida del poder, o cargos públicos de una elección local o federal. Los bastiones del presidente AMLO siguen siendo el centro del país y el sureste, con un norte que les es por lo general adverso. Existieron estados donde no se dio una votación copiosa, no necesariamente bajo los gobiernos morenistas, así como otros estados donde el ejercicio participativo fue muy por debajo de las expectativas.

La oposición perdió una oportunidad histórica de medir fuerzas contra el oficialismo, se mantienen empantanados en sus visiones cortoplacistas, en su miopía no detectaron que el INE era el garante del ejercicio plebiscitario y despreciaron la revocación acusándola de una manipulación oficial o una consulta patito más a mano alzada. 

Los más de 15 millones de votos obtenidos en la revocación de mandato no tienen un parámetro con qué compararse, pero si la oposición se aferra al mito genial de que los ocho de cada 10 mexicanos que se abstuvieron de votar, serán en automático votos opositores, estarán engañándose y haciéndose un flaco favor al no entender al volátil electorado mexicano. Ningún instituto político de la alianza opositora ha demostrado tener más de 10 millones de votos por sí mismo, apostar a la claudicación en la democracia representativa es simplemente no saber o querer dar una batalla de altura, aun cuando se pierda en el proceso. Perder por default no es una estrategia que haya hecho a nadie trascender políticamente.

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Israel Aparicio
Comunicador desde hace más diez años en medios impresos del Estado de México, fotoperiodista en una coordinación de comunicación social, y socio fundador de un semanario político de muy poca duración, pero que le dejó invaluables aprendizajes y recuerdos. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM y vivió de cerca el movimiento de huelga de 1999-2000. No participó, pero conoció a muchos protagonistas de este movimiento social. Es colaborador constante en ruizheralytimes.com.

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