Se habla ya, en lo económico, de poscapitalismo; en lo político, ¿para cuándo hablaremos de posdemocracia liberal?

Se han venido escuchando voces que hablan del advenimiento indiscutido de una era poscapitalista en lo económico, y es que las políticas arancelarias proteccionistas de Trump, a mi manera de ver justas, pero que llegan ya algo...

9 de abril, 2025 Se habla ya, en lo económico, de poscapitalismo; en lo político, ¿para cuándo hablaremos de posdemocracia liberal?

Se han venido escuchando voces que hablan del advenimiento indiscutido de una era poscapitalista en lo económico, y es que las políticas arancelarias proteccionistas de Trump, a mi manera de ver justas, pero que llegan ya algo tarde, sumando a las reformas que gradual y pacientemente ha implementado China desde la muerte de Mao Tse Tung, dan cuenta de un cambio radical en el orden económico mundial; uno claramente multipolar, con los cambios y adecuaciones que necesariamente esto traerá para el planeta.

Ahora bien, mi cuestionamiento es si el modelo político supuestamente “ideal”, y que en las últimas décadas se ha tratado de exportar casi por la fuerza a todos los países, esto es, la democracia liberal, no ha dado ya también de sí. Y baste el ejemplo de tres países que marchan sobre ruedas en sus economías, y lo mismo en sus regímenes qué dotan a sus Estados (desde un punto de vista hobbesiano) de marcos jurídicos que dotan de progreso, orden y paz a sus pueblos, muy al contrario del libertinaje que se padece en la inmensa mayoría de naciones de “Occidente”.

Regímenes de corte draconiano como lo son China, Singapur y Vietnam, que mantienen en algunos casos sus partidos hegemónicos el nombre de ‘COMUNISTAS’, han pasado en pocas décadas de ser sociedades rurales a sitios donde pareciera uno viajar hacia el futuro, con el fin del comunismo (el bienestar de las mayorías) con los medios del capitalismo, a la voz del ya desaparecido líder chino Den Xiaoping de “lo que importa del gato es que cace ratones…”. 

Y es que sucede algo. Esas sociedades (como la china) están dispuestas al sacrificio, dado su tradición no de origen de la antigua Grecia ni judeocristiana, donde incluso se presenta al trabajo como un castigo, con matices como la tradición cristiana protestante gringa, pero que ponen al colectivo muy por encima del individuo (tradición milenaria basada en la filosofía de Confucio) y en el que dicha disposición al sacrificio no sólo es de espacio, sino de tiempo, vamos, que están dispuestos a sacrificar a generaciones completas (como en sus primeras décadas de reformismo) por el engranaje completo, vía por ejemplo el trabajo arduo aparejado de sueldos bajísimos.

Debemos los países de “Occidente” replantearnos ya no solo nuestros sistemas económicos, como la evidente realidad ya nos obliga a hacerlo, y tratar de (en lo político) adoptar sistemas propios, “trajes hechos a la medida” de cada país y su idiosincrasia, que es ya inaceptable vivir bajo los niveles de cuasi anarquía y violencia e impunidad generalizado, que a casi la totalidad del que se le cuestionara estaría dispuesto a sacrificar más de un buen puñado de “libertades” que los gobiernos nos intentan vender, por un país que avance decididamente y dote de las garantías básicas para el desarrollo pleno, de lo personal a lo colectivo (el engranaje), tipo Singapur y su sistema jurídico, que es punitivo hasta lo que en nuestra cultura parecería absurdo, pero que funciona tan bien, que nadie lo podría negar. ¿Una suprema corte intentando frenar el desarrollo de su propio país como en México en el sexenio pasado? Inaceptable, lo mismo un sistema judicial que castiga solo al 1% de los delitos.

A estas alturas ya es muy poco avispado el que compra la idea de que el salir a votar cada X o Y tiempo es una gran conquista y algo con lo cual nos beneficiamos todos. Basta pues, y atrevámonos a hablar de LIBERTAD, pero de una que vaya mucho más allá de conceptos como “el voto libre”, el capitalismo salvaje sin intervención estatal alguna y el liberalismo mal entendido que conlleva el riesgo inherente de caer en libertinaje. ¡Cuidado, que los tiempos han cambiado y las recetas que ayer se presentaban cómo infalibles hoy parece han fracasado! No por nada la sentencia del florentino Nicolás Maquiavelo en cuanto a aquello de “la experiencia ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos”. Y es que eso es lo que parece presentarnos como resultado el sistema de democracia liberal: cada quién “jalando agua para su molino”.

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Ginés Sánchez
Licenciado en negocios internacionales con la tesis: "El papel del Estado en el desarrollo del turismo en México", y Diplomado en Administración Pública por la UNAM.

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