Comenzaré recordando los momentos más en duros económicamente hablando de mis padres y la familia que hoy he formado. Eran los años 80. Mi papá había perdido su trabajo. El dinero no alcanzaba ni para la comida. En muchas ocasiones el platillo fuerte y único del día eran cinco tortillas fritas con un poco de salsa de molcajete al centro y una untada de crema sazonado con un poco de sal.
Salimos adelante cuando mi padre consiguió un buen trabajo. Fue un alivio. Nos sentíamos orgullosos de esto. Posteriormente, en el 2000, formé una familia y pasó algo similar. El dinero era escaso. Recuerdo que pasaban varios días sin probar carne.
Un día mi señora cocinó unos trozos de carne en salsa de guajillo, mis ojos no podían apartar la mirada de ese manjar. Tomé el primer pedazo y al morderlo mis dientes estrellaron en un gran trozo de hueso… si eran huesos cocinados con una mínima porción de carne me sentí fracasado y engañado por mí mismo. ¿Cómo quería comer carne si el gasto que había dejado en casa no alcanzaba más que para huesos?
Tanta pobreza nos hacia sentir menospreciados, aunque nunca lo fuimos (tengo que reconocerlo).
En mis tiempos se criticaba al gobierno a veces sentía que se nos iba la mano con las burlas al primer mandatario, para ser más claro en épocas de Fox. Pero las cosas avanzaban, aunque lentas.
La comunidad gay prefería estar en el closet. En muchos casos eran secretos a voces, pero había respeto de ambas partes mientras cada quien tomara su distancia o al menos a si lo veía. Ser heterosexual era lo correcto en aquella época, tengo que decirlo.
El criminal común era castigado había impunidad sí, pero solo en dosis selectas o sea si tenías dinero podías pagar tu libertad.
Los cárteles solo peleaban entre ellos y no tocaban al pueblo, menos al ciudadano. El cobro de piso se veía solo en películas.
Pero llegó la civilización moderna “inteligente y libre” que dio lugar y voz al oprimido al relegado, a ese sector pobre que viví en carne propia, aquel que a veces me hizo sentir menos. Qué ganas de que me tocara esta modernidad, en mis noches de insomnio pensando qué comeríamos al día siguiente.
Hoy todo es cosa del pasado… menos mi sentir por que sigo sin encajar en la sociedad, pues ahora soy despreciado por tener casa propia, carro de modelo reciente, un negocio y poseer más de un par de zapatos.
Si soy FIFI, así me califico el gobierno, además la comunidad me dice misógino, homofóbico por el hecho de tener gusto por el sexo femenino y gustos anticuados heterosexuales. Triste es mi situación: no he evolucionado.
Hoy tengo que ver los derechos del delincuente antes que los míos porque ellos sufren están apegados a derecho y son seres que hay que comprender. Así aprendí abrazar y a besar al que distribuye estupefacientes, al que priva de la libertad.
Actualmente tomo distancia y agacho la mirada ante una chica por miedo a ofenderla con mis ojos, podría ir a la cárcel.
Del creador ni hablar, si estamos aquí es por casualidad o una obra extraterrestre de una raza superior a la nuestra, pues Dios solo existe en la corrupción de la Iglesia. Es un mito que cada día se desvanece más, pues los clérigos abusaron de su posición y con ello enterraron nuestras creencias.
¿Y qué decir del gobierno que solo permite hablar a quién lo alaba, mientras que al que replica recibe mano de hierro porque sus besos y abrazos están ocupados en la delincuencia?
Espero pronto alcanzar yo también la civilización evolutiva y “libertad” que envuelve a mi país hoy en día. Y avanzar con un solo par de zapatos por la vida.
Era feliz y no lo sabía.
“ESTA ES LA NATURALEZA DE MI SER”.
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