No hay un solo justo

Las mujeres han emprendido una batalla por una sociedad más justa e igualitaria. Esta lucha nos obliga a replantear y construir nuevos esquemas sociales más equitativos.

20 de octubre, 2021

Comencemos con una historia vieja muy conocida. Abraham está frente a Dios que le revela su intención de destruir Sodoma. El viejo siervo le pregunta si matará al justo con el perverso, si acaso hubiera cincuenta justos en toda la ciudad, no perdonaría a la ciudad por amor a ellos, y Dios concede; pero claro, Abraham sabe con quién vive y sabe que ha puesto la meta muy alta… Y si fueran cuarenta, por amor a cuarenta tampoco lo haría, el patriarca sigue dudoso y va negociando la cuenta hasta llegar a diez, dos días después la ciudad era destruida. Claro, no había ni diez que merecieran llamarse justos y es que bueno, puestos a pensar, no hay nunca alguien que esté del todo limpio de culpas. Otro profeta, éste secular pero igual conocedor del alma humana, Óscar Wilde, decía que la vida no es justa, lo cual es bueno para muchos de nosotros. Es algo que trato de no olvidar.

En los últimos días han sucedido cosas en este país que, se quiera o no, guste o no, habrán cambiado formas y contenidos. Veámoslo así, todas las transformaciones sociales terminan siéndolo también personales y familiares; el movimiento por los derechos de las mujeres a la soberanía sobre sus cuerpos y a una vida libre de violencia, del que mucho hay que decir tanto de su composición tan múltiple, amplia y heterogénea como de los fallidos intentos de reventarla y tergiversarla por vías violentas  y políticas que no solo han sido inútiles sino también chambonas y mal armadas. Eso deja huella y somos muchos, miles, millones los hombres que estamos recibiendo una lección que no podremos olvidar; algo que ha cambiado en el imaginario colectivo, algo que tardará en sentirse en realidades directas pero que ya está aquí, entre nosotros.

La primera es que en efecto, los hombres tenemos miedo; ese terror cerval a lo desconocido que pasa por las etapas desde lo más banal, como los formatos para el ligue, hasta lo más trascendente, como la educación de los hijos y la recomposición de la vida de pareja o las relaciones laborales y es que, a todas luces, para muchos es difícil saber qué es lo que se espera de nosotros y lo que se espera, señores, es la construcción de una nueva forma de ver el mundo, lo radical, digamos, lo que parece imposible pero que se puede porque es necesario.

Como se lee, esto no es un movimiento, es una revolución y a esa palabra le tenemos pavor, tanto que el gobierno actual prefirió llamarse 4T y no 4R por no invocar fantasmas indeseables. Lo que se exige de hombres y mujeres ahora es la destrucción de los viejos estereotipos, de las conductas manidas y torcidas por el uso. Lo que se exige es un esfuerzo de igualdad que, por mucho que queramos, no estamos dispuestos a comprender del todo y menos a ejercitar. Se trata de levantar nuevos acuerdos, entender que las mujeres son dueñas de sus cuerpos, el principal y más elemental de los derechos, que si ella dice no es no, así nomás porque no le da la gana y listo; ello significa que el tema del aborto no puede entenderse sino en razón de ese poder soberano de la mujer sobre su cuerpo, que considerar que procesos naturales del cuerpo de la mujer como la lactancia o la menstruación son socialmente inaceptables o formas de discapacidad temporal es absurdo y vergonzante; que el chiste, la broma y la frase hecha no son nunca inocentes, sino son las armas arrojadizas de los vencidos. En suma que el cuerpo de las mujeres es tan suyo como lo ha sido el de los  hombres para ellos durante siglos.

Pero ahí no para la cosa; se exige de la sociedad, de mujeres y hombres, nuevos criterios y conductas en los procesos de producción, digámoslo de una vez aunque pongan cara de asco los paladines de la modernidad: de explotación y de redistribución de la riqueza; cosas básicas como el cumplimiento del principio básico de salario igual para trabajo igual, idéntico acceso a los círculos de toma de decisión y eso, con el tiempo, significa la destrucción de los principios de diferenciación hasta el momento de la normalización de los empleos y las oportunidades para mujeres y hombres. Si es que a las sociedades les encanta hacer como que no ven, pero seamos francos, en este país es una desventaja ser indígena y si se añade el hecho de ser mujer, entonces estamos hablando prácticamente de realidades paralelas; se trata de que no explotemos a las trabajadoras domésticas como si fueran esclavas, que no pensemos que el poder, la edad y la masculinidad son monedas de cambio o capitales para obtener favores sexuales, que las tratemos como tratamos a un compadre o a un amigo, para ponerlo en el más burdo y barato de los lenguajes.

Vamos quitándonos las máscaras y echando por tierra la doble moral, si nos está viendo el patriarca Abraham desde allá arriba y capaz que si pregunta si por diez no perdonaría a todos, el Altísimo preferiría no darle respuesta. No hay uno solo que sea justo y no porque no queramos, sino porque así nos educaron y no nuestros padres sino nuestros libros y nuestras costumbres milenarias y porque solo los hombres que hacen ejercicio cotidiano de conciencia, de ejercicio voluntario de cada día, solo esos pueden decir que en realidad están haciendo algo.

 

@cesarbc70

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César Benedicto Callejas
César Benedicto Callejas. Licenciado en Derecho, por la Universidad Iberoamericana, Doctor en Derecho por la UNAM. Título de Especialista en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante, España. Miembro del Taller de creación literaria de la Capilla Alfonsina. INBA. Ha desarrollado cargos de asesoría y consultoría en el gobierno federal, la Facultad de Derecho y la Oficina del Abogado General de la UNAM, el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Académico en diversas instituciones nacionales y extranjeras por más de veinte años. Conferencista en México otros países. Ha dirigido y producido el blog literario “Cisterna de Sol” por más de diez años. Autor de los libros: “Argumentación Jurídica en la formación y aplicación de Talmud”, “Siete ensayos de interpretación sobre la utopía latinoamericana”, “Cisterna de sol” y “Los minutos de Ulises”; se encuentran en preparación para próxima publicación: “Digno es el cordero”, novela negra, “La niña que esperó al rey de Inglaterra”, ensayos biográficos y “Los frutos del desastre”, novela futurista sobre las consecuencias de la pandemia en México. Colaborador de Ruiz-Healy Times y Excésior.
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