El pasado 11 de agosto comenzó un acalorado debate en torno a los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, la primera realizada por parte del Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) en sustitución del extinto Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) , organismo autónomo suprimido so pretexto de ahorro de costes.
INEGI reportó que la cifra de personas en pobreza y pobreza extrema se redujo en 13 millones de personas. De 52 millones de mexicanos len dichas condiciones, en 2024 se reportaron 38. Tal cosa parece una buena noticia. Lo interesa es que la medición de la pobreza en México es que si tiene muy en cuenta los salarios, renta y recursos económicos de la población, pero toma en cuenta varios otros indicadores, incluyendo el acceso a alimentos básicos, vivienda, servicios médicos y a la educación.
Es en el apartado de acceso a servicios educativos donde se encuentra uno de los principales cuestionamientos hacia el celebrado resultado de la encuesta de INEGI. 13 millones menos de pobres si suena espectacular, pero es difícil de entender como la cifra de personas en rezago educativo apenas tuvo mejoría, quedando en 24 millones de personas que no cursaron o completaron los estudios básicos, apenas una reducción de 900 mil personas.
También resulta llamativo que solamente poco más del 24% de la población mexicana tenga algún grado universitario o equivalente o que haya caído la cantidad de personas con un grado educativo superior al de sus padres.
¿A qué se debe la disparidad de logros entre las dimensiones de la pobreza? Puede haber muchas explicaciones. En el aspecto de ingresos y salarios, el aumento del salario mínimo y las transferencias económicas de los programas gubernamentales parecen ser dos propulsores decisivos. Tienen que serlo, porque el crecimiento económico en México ha sido raquítico en los últimos años.
Pero el desarrollo tampoco ha sido bueno en cuanto a la educación: seguimos teniendo cifras de rezago y abandono para preocuparse: Más de 900 mil niños y jóvenes salieron del sistema de educación obligatoria durante el ciclo 2024-2025.
Usted podría pensar que si las familias están en mejores condiciones económicas y si los estudiantes se benefician de programas como las Becas Benito Juárez, Jóvenes Escribiendo el Futuro y las nuevas Becas Rita Cetina (ninguna con condiciones especialmente exigentes para ser entregadas) entonces no deberían verse cifras tan altas en la población que no logra ejercer su Derecho a la Educación.
Lo irónico del asunto radica en que es difícil decir que tanta inversión pública se traduce en un sistema educativo más sólido y eficaz, pero sí podemos decir con certeza que la riqueza de un país depende de la robustez de su sistema educativo. Quizá si los mexicanos tuviéramos acceso a mejores escuelas, los apoyos y subsidios gubernamentales serían menos necesarios para abatir las cifras de pobreza.
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares sigue siendo discutida en términos políticos, propagandístico, económicos y sociales, pero si damos por buenos los resultados, sobran motivos para preocuparse ¿Por cuánto tiempo será sostenible reducir la pobreza si no se mejora la calidad educativa?
Si no se toman las medidas adecuadas, podremos duplicar, triplicar y hasta cuadriplicar el salario mínimo, pero seguiremos teniendo segmentos de la población que dependerán cada vez más del apoyo gubernamental para salir de las garras de la pobreza. Para algunos gobiernos esto puede traducirse en votantes fieles, pero para un país, significa una población menos libre y más empobrecida.
Marginalias
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