Si bien el obradorismo parece caminar viento en popa. Incluso ha tomado mayor impulso hacia los dos últimos años de su primer sexenio a nivel federal al contar de forma sorpresiva y eventualmente con una virtual mayoría calificada en el Congreso, como se vio con el aparente golpe de timón que dio el PRI con su tan útil coartada de “volver a sus orígenes revolucionarios”. No obstante, es en los ámbitos locales en donde se estaría gestando un debilitamiento serio. Cabe mencionar que MORENA es todavía más un amplio movimiento social que un partido político bien estructurado por dentro, en el cual la amplitud ideológica entre sus miembros lo hace ser heterogéneo, y por ende, sumado a intereses que van desde los legítimos hasta los inconfesables, queda propenso a conflictos internos.
Entre los gobernadores peor evaluados se encuentran algunos emanados del obradorismo. En Zacatecas con David Monreal al frente, MORENA tiene serias posibilidades de perder dicho estado dado sus niveles de baja aprobación. En Veracruz con Cuitláhuac García también se vislumbra un panorama similar. No importa qué estados y municipios se escuden en lo “libre y soberano” que les concede nuestro (atrofiado, sin duda) federalismo, ya que mucha gente (votantes), incluso algunos con altas credenciales profesionales, ignoran la diferencia en las potestades de cada orden de gobierno, abonado esto a una confusión que sería utilizada sin recato por la hoy menguada oposición.
Estudios recientes han demostrado la diferencia en la responsabilidad y por ende transparencia (y por lógica, eficiencia y eficacia) entre el gasto federalizado y el no federalizado (estado y municipios). El gobierno federal modificó incluso la Ley orgánica de la administración pública federal (LOAPF) para tratar de tener más control sobre los recursos que fluyen del centro a los Estados, con la institución de la figura de los “superdelegados”. Pero esa medida es demasiado tímida frente a la opacidad y la tan poca pulcritud y responsabilidad pública ante el manejo de esos recursos fiscales por parte de gobernadores y presidentes municipales.
En los ámbitos locales es donde a MORENA (partido) se han adherido no pocos elementos oportunistas, con la cultura de la visión puramente patrimonialista del servicio público, que sumado a la necesidad de la dirigencia partidista por dar resultados electoreros, no chistan en fichar a alguno que otro impresentable, a diferencia del ámbito federal, donde sí existe el misticismo que le ha impreso a su equipo más cercano y de confianza a la profesión de la política el presidente Andrés Manuel López Obrador.
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