El pasado sábado 1 de noviembre se llevaron a cabo las ocho carreras de caballos mexicanos correspondientes a la XIX Copa Criadores, en la función sabatina del otrora magnífico Hipódromo de las Américas. Fue una muestra dolorosamente clara del estado casi terminal de la raza de caballos Pura Sangre en nuestro país y del espectáculo.
La triste crónica la relato a continuación. La antes poderosa Cuadra San Jorge, propiedad del magnate Germán Larrea, propietario del Grupo México —segundo hombre más rico del país— brilló por su ausencia en el círculo de ganadores. De los 17 caballos que presentó (36% del total de competidores), solo uno obtuvo la victoria. El protagonismo se lo llevaron los ejemplares criados en la Granja San Isidro, propiedad de la familia Álvarez —don Claudio y su hijo—, quienes, sin duda, están criando caballos de calidad ganaron las carreras más importantes: con mejores bolsas.
El ingeniero Guillermo Elizondo Collard, es el otro criador mexicano que desde hace mucho tiempo cría caballos de calidad. Los criados en su rancho “Natoches” en Sinaloa, ganaron dos carreras. En la participación de los caballos mexicanos en el Clásico del Caribe, a celebrarse en Panamá próximamente, tendremos la oportunidad de valorar el verdadero nivel del caballo mexicano, aunque los caballos criados en Venezuela —ignoro la razón— que a pesar del régimen dictatorial en que viven los ciudadanos, crían excelentes corredores, no van a participar.
Dos de las competencias, el Clásico Subasta y el Roberto A. Ruiz contaron únicamente con cuatro participantes cada una. En total corrieron 47 ejemplares, para un promedio de apenas 5.87 caballos por carrera. El “chart” de la función muestran que el monto apostado tampoco fue extraordinario. La falta de promoción y de interés por parte de la empresa permisionaria volvió a evidenciarse. Codere continúa incumpliendo múltiples cláusulas del permiso y arrastra una crisis financiera grave, como se confirma en la liga adjunta. No hay poder humano, ni autoridad que los haga cumplir con su permiso: se llama impunidad, ¿o no?
El porcentaje de la aportación de criadores y propietarios para conformar los premios superó el 60%, recurso que, además, será devuelto a los triunfadores en plazos abusivos —muchas veces superiores a dos meses—. Un atropello inaceptable para quienes sostienen, con esfuerzo y pasión, lo que queda de esta industria.
Sin duda, la industria hípica mexicana atraviesa una crisis profunda, marcada por años de abandono institucional y desinterés gubernamental. A pesar del impacto económico y social que genera este sector, hasta ahora no se han implementado políticas públicas efectivas para su fortalecimiento. Resulta imprescindible reconocer el valor histórico, cultural y laboral de las carreras de caballos en México, y promover acciones concretas para su rescate y modernización. Lamentablemente, dentro del propio gremio hípico tampoco existe quien defienda con firmeza esta noble actividad.
Son tiempos de la celebración del día de muertos y el espectáculo de las carreras de caballos en las Lomas de Sotelo lo confirman. ¿Habrá carreras para el año que entra?
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