Como mexicanos nos hemos afanado en ser ingenuos políticamente, no nos basta el fracaso que han supuesto los experimentos que se dicen democráticos, con exceso de organismos autónomos y financieramente un lastre. Muchos contribuyen sí pero a una parálisis en nuestro proceso político en todos los niveles.
Casi todo en México se desvirtúa, desde las llamaradas de petate con la etiqueta de candidaturas “independientes”, hasta un menor centralismo a favor de un federalismo qu2 ha sido tan malentendido que nos ha regalado joyas cómo los gobernadores Duarte, Jorge, Aguirre, Salgado y otros tantos goliratos en las entidades federativas, que hacen y deshacen sin prácticamente ningún control y/o freno eficaz.
Uno de esos casos es el de las fiscalías (supuestamente) autónomas, que tienen cualquier fin en los hechos, excepto para lo que han sido diseñadas, que es para funcionar de forma ya independiente al poder ejecutivo federal y los de las 32 entidades de la federación. Estos organismos sirven en los hechos para ser una suerte de “pararrayos” del ejecutivo; una coartada para no asumir el Estado sus responsabilidades más básicas, como lo es el ejemplo de Gertz Manero a nivel federal. Otro caso es el que caigan en abierto conflicto, produciendo choques como en Morelos, donde los fiscales, al ser nombrados por su congreso (gobernador, en realidad) por períodos transexenales, deban lealtad al exgobernador que los promovió, no sólo cuidándole las espaldas en todas sus porquerías, sino que también socavando al propio gobierno en funciones.
Un ejemplo más es el de Guerrero, al no poder jurídicamente la gobernadora removerla de su cargo, se le ha “volteado” abiertamente, al no abandonar la titularidad en la fiscalía de marras, no sólo continuando con la ineficacia de la institución sino aún peor, al dedicar ahora su tiempo esta señora a agotar las instancias judiciales para aferrarse al “hueso”, dejando en los hechos, acéfala a dicha dependencia, en un estado que ya ha perdido por completo el rumbo y la viabilidad.
A ver cuándo es que en México nos dejamos de experimentos y de ideas (¿ocurrencias?) nuevas, que solo abonen a una burocracia obesa, onerosa y cada vez menos eficaz, que sabido es que en un Estado entre más leyes e instituciones existan va en relación al tamaño de la corrupción inherente a su propia existencia.
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