Hace un par de días, el presidente López Obrador se quejó de que la ONU en el tema del reparto equitativo de las vacunas es un simple florero, un adorno, pues. “¿Dónde está la fraternidad universal?”, preguntó el presidente. Mencionó que unos cuantos países están acaparando las vacunas y dijo que eso no se vale.
Yo difiero de lo que piensa el presidente por una sola razón: esos países, que a decir del presidente acaparan las vacunas, llevan años, décadas, invirtiendo muchísimo dinero en investigación y desarrollo. Son los países que hicieron inversiones importantes, tanto públicas como privadas, para desarrollar las vacunas que hoy son la esperanza del mundo para detener al Covid-19.
Estados Unidos, por ejemplo, gasta, anualmente el 2.83% de su PIB en Investigación y desarrollo. Eso representa más de 500 000 millones de dólares. Al desarrollar ellos vacunas tienen todo el derecho del mundo a vacunar a su población antes que a la del resto del mundo.
Alemania dedica el 3.09% de su Producto Interno Bruto a Investigación y desarrollo. Eso significa que en ese país se dedicaron más de 100 000 millones de euros a ese tema y hay un laboratorio que se asoció con AstraZeneca para producir vacunas. Eso les da el derecho de vacunar a su población y a la población europea primero.
Gran Bretaña dedicó el 1.7% del PIB a investigación y Desarrollo, es decir 37 100 millones de libras que equivalen a 52 000 millones de dólares. Ellos desarrollaron vacunas y tienen el derecho de vacunar primero a su población.
China invirtió el 2.23% de su PIB en Investigación y desarrollo. Un total de 322 000 millones de dólares. Ellos desarrollan vacunas, mismas que aún no son aprobadas y de las que han compartido un poco, pero también buscarán inocular primero a su población.
Ahora México. Nuestro país ha sido históricamente muy malo en términos de inversión en investigación y desarrollo y de retención de cerebros. Hay mentes mexicanas brillantes que terminan emigrando porque simplemente no hay ni dinero, talento ni infraestructura para retenerlos.
Actualmente, nuestro país dedica el 0.33% del PIB a investigación y desarrollo. El monto más bajo en 20 años. De por sí nuestro país nunca le ha dedicado a este rubro los recursos e infraestructura que le debería dedicar. Por eso resultaba patético ver que nuestro país trataba de colgarse del premio Nobel de Mario Molina, por ejemplo, cuando México no tenía ningún mérito para hacerlo.
Ahora que el presidente dijo que vamos a desarrollar una vacuna que se llame “Patria”, no me quedó más que dudarlo y regresar a pensar que solo es otra frase populista, pues no tenemos la infraestructura ni la experiencia para hacerlo. Hay mentes brillantes en México, pero ni siquiera las sabemos retener.
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