Gatopardismo educativo: la Escuela cambia para quedar igual

En 2022 se cumplirá el tercer año de la entrada de la pandemia. El sector educativo ha sido uno de los más golpeados, tanto en el aprendizaje de los alumnos como en un alto desgaste psicológico. 

28 de enero, 2022

Con la llegada de la pandemia se han evidenciado una serie de problemas que los gobiernos de México no han podido solucionar en el sector educativo, tales como el rezago, la desigualdad en el acceso a la educación, la falta de recursos, la falta de acceso a las tecnologías digitales, la precariedad laboral. Y me refiero a gobiernos porque, aun con las reformas educativas de cada sexenio, los nuevos planes y la “Nueva “Escuela”, la realidad es que la educación, en lo que al proceso de enseñanza y aprendizaje se refiere, está muy por debajo de las expectativas que teóricamente plantea la educación actual.

El regreso a las clases presenciales, aun con el  aumento de contagios y los pocos niños vacunados, se justifica por el atraso que significó entrar a modelos de educación a distancia. Muy pocas escuelas contaban con la infraestructura necesaria para cambiar a esta modalidad. El impacto educativo se reflejó en los niveles mínimos de aprendizaje como perfil de egreso y de ingreso a otros niveles, en la salud emocional y mental ya muy desgastada de niños, adolescentes y adultos, padres, hijos, alumnos y docentes.

El regreso “escalonado y de modelo híbrido” no está funcionando. Para los chicos que regresaron con el entusiasmo de ver a sus amigos, de convivir, aunque sea poco tiempo, ha significado más tareas, más estrés, menos convivencia y menos gusto por la escuela. ¿No es verdad que con estrés no se aprende? Va contra el modelo propuesto

Las reflexiones en torno a la educación suelen ir a “lo mismo de siempre”: la estructura de las clases convencionales no ha evolucionado en más de un siglo; la disposición de las mesas y la pizarra te obligan a atender a un solo foco; el color verde de las típicas sillas y mesas escolares, las paredes de azul claro o amarillo claro, la luz eléctrica hipersaturada o el suelo frío no ayudan a la hora de hacer de aquel recinto un lugar acogedor donde se desee quedarse para aprender. El aula se convierte en un “no lugar”.

En la escuela las jerarquías están bien determinadas. Todos hacen lo que el director señala, que, a su vez, hace lo que la SEP y el sindicato le indican. Se establece horario, conductas a seguir, vestimenta, forma de convivencia y el camino a seguir. La entrada y salida están bien determinadas, cerradas y custodiadas para que todos cumplan el protocolo, nadie entra ni sale sin ser inspeccionado. La entrada de familiares se controla en un horario de visitas.

Para ingresar se sigue un protocolo de sanidad muy riguroso. Quien lo incumpla no entra. Este protocolo se refiere a determinado uso de cubrebocas, a veces doble, con mascarilla, y gel antibacterial para ponerse todo el día. Ya en el interior de la escuela, los alumnos no se pueden acercar, menos abrazar; deben sentarse donde les dice; no hay recreo como antes; solo deben hacer lo que se les indica, no más. Todo el material que necesitan obligatoriamente los alumnos le cuesta a la familia cuya economía está muy desgastada por la pandemia.

Pocos nos enteramos de lo que pasa adentro:las aulas que deben estar ventiladas –si tienen ventanas–, pero por lo general están cerradas; las miradas cautas y atentas de profesores que velan por un adecuado comportamiento, que en algunos casos rozan un verdadero estricto régimen disciplinario; las salidas al recreo por grupos separados y con horario rígidos de asistencia al patio; la inasistencia es exhibida por los profesores donde la consecuencia o castigo será mediante tareas atrasadas y malas calificaciones.

A la escuela se va obligado “por el bien del hijo” dirán los padres; sin embargo, ¿qué nos contestarían nuestros hijos si les preguntáramos si quieren ir al colegio, si aprenden, si les gusta estar ahí?; o ¿cómo se sienten al regresar a la escuela bajo estas condiciones? También está la posibilidad de que solo quieran ir a ver a sus compañeros para convivir un poco. Si la escolarización no fuera obligatoria, quizás muchas de nuestras escuelas estarían vacías.

Se estudia bajo un mismo modelo pedagógico, un mismo currículo: todos son iguales. Los modelos actuales –Aprende en Casa y Escuela Nueva– pretenden ser activos, libres y flexibles, pero estas pretensiones se quedan en papel cuando a los profesores los rebasan la regularización, la inequidad, el rezago, el cansancio de llevar más trabajo que antes, más horas, mismo salario, más vigilancia, más supervisión, más tiempo administrativo para sus planeaciones y sus reportes. Todo cambia para quedar igual.

Según Foucault, las cárceles se asemejan a escuelas. El formato presupuesto por las cárceles, que incluía encierro, regulación de los horarios, rigor, disciplina, sistemas jerárquicos y normativas a la vestimenta, los modos de hablar, sentarse, caminar o dirigirse a los superiores, es el mismo que se encarnó en la institución escolar, asilos, hospitales e internados modernos. En palabras del propio Foucault: “un verdadero conjunto de procedimientos para dividir en zonas, controlar, medir, encauzar a los individuos y hacerlos a la vez ‘dóciles y útiles‘. Vigilancia, ejercicios, maniobras, calificaciones, rangos y lugares, clasificaciones, exámenes, registros, una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas, se ha desarrollado en el curso de los siglos clásicos, en los hospitales, en el ejército, las escuelas, los colegios o los talleres: la disciplina. El siglo XIX inventó, sin duda, las libertades; pero les dio un subsuelo profundo y sólido – la sociedad disciplinaria de la que seguimos dependiendo” (2001).

La escuela de hoy es como las cárceles: estructura autoritaria, código de vestimenta, énfasis en silencio y orden, miedo al castigo, circulación en fila, pérdida de autonomía individual, libertades reducidas, horarios preestablecidos, exámenes y calificaciones en donde el número clasifica al estudiante.

El investigador emérito Ángel Díaz Barriga considera que la forma en que se trabaja en el sistema educativo sigue siendo que el maestro expone clases y temas, mientras el alumno se sienta en serie detrás de su compañero, tomando notas y poniendo atención (López S. 2022). Esto para el siglo XXI definitivamente ya no es suficiente ni adecuado. La función del maestro de dar información tiene que irse readecuando a un contexto social donde la información se pueda obtener por otras vías, comentó Diaz Barriga A.. (López S. 2022).

Vivimos una presencialidad acotada, porque quizá algún día estemos en el salón de clase, en una nueva relación pedagógica con el cubrebocas, con distancia social. Ojalá esto lo aprovechemos los profesores para sentar a los estudiantes en círculo y no necesariamente en serie, y trabajemos presencialmente de forma distinta”, dicta Díaz B. (López S.2022).

En cuanto al modelo híbrido, de acuerdo con el informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI 2020) sobre uso de tecnologías en educación, para clases a distancia entre personas de tres a 29 años, 65% de los sujetos solamente usaron teléfono; 18% computadoras fijas, 7% computadoras portátiles, 5% televisiones y 3% tabletas. Se experimenta sin contextualizar a la educación. La educación debería planearse y estructurarse desde los diferentes entornos socioeducativos.  La educación tendría que contextualizarse para poder acercarse a un cambio significativo desde los entornos sociales de referencia.

 

REFERENCIAS:

Para la reflexión se tomó como referencia a Jaime Olmos en: https://passetapasset.com/2012/03/escuela-o-prision-semejanzas-y-diferencias/

Lecturas de Foucault: Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión es un libro del filósofo e historiador francés Michel Foucault, publicado originalmente en 1975. Es un examen de los mecanismos sociales y teóricos que hay detrás de los cambios masivos que se produjeron en los sistemas penales occidentales durante la Edad Moderna. 

https://blogpedagog.wordpress.com/2016/10/04/escuelas-no-carceles/

FOUCAULT, Michel. (2001) Vigilar y castigar¨: nacimiento de la prisión. Ed. S.XXI, México

Gaceta UNAM. López Suárez (Ene 24, 2022). Docentes del siglo XXI orientadores. Recuperado de:

https://www.gaceta.unam.mx/docentes-del-siglo-xxi-orientadores/

INEGI (2020) recuperado de: https://www.inegi.org.mx/contenidos/investigacion/ecovided/2020/doc/ecovid_ed_2020_nota_tecnica.pdf

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María del Pilar Cordero César
Doctora en Pedagogía, con maestría en Pedagogía y Educación Social, con especialidad en Animación Sociocultural. Docente e investigadora en áreas de humanidades, ciencias sociales, educación ambiental y pedagogía. Es voluntaria en ONG que trabajan con personas con discapacidad y apoya actividades de equinoterapia. Actualmente estudia y trabaja en temas de pedagogías emergentes, género y primeros auxilios psicológicos. Le gusta estudiar, investigar y escribir.

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