El tiempo sin tiempo y sin libertad

La población carcelaria vive en el olvido de la sociedad. El caso de las madres en prisión es especialmente trágico tanto para ellas como para sus hijos.

30 de mayo, 2023 El tiempo sin tiempo y sin libertad

El tiempo pasa volando, pero no para todas las mujeres. Mientras algunas nos quejamos porque no nos alcanzan los días para terminar con nuestros pendientes o porque notamos el paso del tiempo en nuestro cuerpo y piel sin poder detener los efectos propios del envejecimiento, hay mujeres que darían lo que fuera por envejecer en libertad.

Las mujeres privadas de la libertad ven pasar su vida entre las grises paredes del penal en el que por la razón que haya sido fueron confinadas, y siendo señaladas por la sociedad son poco a poco olvidadas.

Solo por mencionar un ejemplo, la población penitenciaria del Centro Femenil de reinserción social “Santa Martha Acatitla” es de 1548, casi el 6% de la población total, de estas mujeres un 83% son madres y en estos momentos gracias a la lucha de la CNDH y de asociaciones civiles, 45 menores tienen el derecho de estar con sus madres en prisión, 19 niñas y 26 niños desde recién nacidos hasta los 5 años con 11 meses viven con sus madres y reciben atención médica, social y escolar dentro del penal. Las demás madres tienen que esperar a los días de visita para que las que aún son recordadas por sus familias tengan el privilegio de ver a sus hijos por unas cuantas horas, algunas, una buena parte de ella solo conviven con sus hijos en videollamadas o llamadas telefónicas y tienen que conformarse con escuchar las voces de quienes más aman en la vida y para quien trabajan desde prisión de esta impersonal forma, en pocos minutos intentan manifestarles su amor, enterarse de sus inquietudes y problemas pero sobre todo darles consejos, para que se porten bien, para que no anden en malos pasos, para que no vayan a tener un destino como el de ellas.

 

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6589 mujeres en México están en prisión preventiva, es decir, en espera de sentencia y este proceso puede llevar hasta 18 años, 18 eternos años de los que no recuperarán ni un minuto de sus vidas, en los que tienen quieran o no, sea Justo o no resignarse a vivir privadas de su libertad y confiando el cuidado de sus hijos a algún familiar en el mejor de los casos o a una Institución gubernamental encargada cuando no hay nadie más que se haga cargo de ellos, días y noches que se vuelven meses y años preguntándose por qué la vida es tan dura con ellas y repasando cada segundo de la situación que las llevó a estar en allí. Muchas veces son inocentes y aun así no hay justicia para ellas, ni prisa, ni disculpas, ni nada a cambio de los daños, sin consuelo, sin esperanza y dando lo que fuera por poder volver el tiempo atrás.

No hay arrepentimiento que alcance para justificar una vida de tanto sufrimiento.

Se dice que siete de cada 10 mujeres en reclusión son abandonadas por amigos y familiares que olvidan que antes que presuntas delincuentes son personas, muchísimas de ellas madres y que no tienen otra ilusión más que la de salir algún día e intentar robarle tiempo al tiempo para recuperar una vida entera.

Mientras tanto, las mujeres que tienen el privilegio de poder maternar dentro de prisión, disfrutan de sus hijos, tienen un día de las madres, un modesto festival de fin de cursos, algún bailable lleno de amor, cartas, tareas de sus infancias, pueden verlos crecer, cuidarlos darles todo su amor comprimido en pocos años, educarlos lo mejor posible para que tengan un porvenir y sean gente de bien y esperar con una inenarrable angustia el día que se tengan que despedir de ellos y verlos partir regresando a la soledad aplastante de sus sombrías celdas con los brazos vacíos y el corazón roto a cumplir la peor de las sentencias: ser una madre sin libertad y sin esperanza de decir algún día que el tiempo pasa volando cuando eres feliz.

 

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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