El tiempo sin tiempo

Como le ocurrió a Janet Frame, la escritora Neozelandesa en los años que pasó encerrada en un psiquiátrico, resulta impactante observar a Israel Vallarta emerger de las profundidades del Hades para reencontrarse con un mundo que no...

8 de agosto, 2025

Como le ocurrió a Janet Frame, la escritora Neozelandesa en los años que pasó encerrada en un psiquiátrico, resulta impactante observar a Israel Vallarta emerger de las profundidades del Hades para reencontrarse con un mundo que no tiene manera de saber si es mejor o peor que de hace 20 años, ese que lo condenó sin condena a vivir preso en un tiempo sin tiempo.

“Un hombre que padece una injusticia sin reparación no deja de sangrar por la herida del resentimiento; y esa herida se va irradiando concéntricamente en su alma, hasta anegarla por completo”.

Juan Manuel De Prada, Mil ojos esconde la noche 1. La ciudad sin luz

Jenet Frame es una escritora nacida en Dunedin, Nueva Zelanda, en 1924. Es la tercera hija de una familia humilde de origen escocés. En 1943 empezó a formarse como profesora, pero tras un intento de suicidio comenzó su peregrinaje por diferentes centros psiquiátricos: los hospitales de Dunedin, Seacliff, Avondale, Sunnyside, entre otros. En 1951, mientras era paciente de Seacliff, escribió su primer libro The Lagoon and Other Stories. Más allá de haberse hecho acreedora del prestigioso premio literario Hubert Church Memorial Award, el principal éxito de su primer libro consistió en salvarla de una lobotomía cerebral que ya estaba programada y permitirle regresar al mundo y concretar una brillante y extensa carrera literaria que terminó con su muerte en el año 2004, a los setenta y nueve años como consecuencia de una leucemia.  

En su obra más reconocida, Rostros en el agua, narra las vicisitudes de permanecer internada en una clínica psiquiátrica expuesta a una serie interminable de tratamiento de electroshock. En determinado momento su personaje Istina Mavet apunta: “Cuando pienso en Cliffhaven, me embarco una y otra vez en el juego del tiempo, como si me hubieran condenado a muerte y el tictac de los relojes se hubiera eliminado y, sin embargo, lo oyera aún, advirtiéndome que se acercan las nueve de la mañana, la hora del tratamiento, y que debo conseguir un par de calcetines de lana si quiero evitar morir” (1).

Pareciera hablar de un tiempo sin tiempo, de una etapa de la vida que carecía de devenir y de forma simultánea sólo estaba construida de tiempo, pero de uno muerto, vacío, que transcurría entre cuatro paredes, aunque sin demasiada esperanza, en el que estaba varada como si de las aguas de un pantano se tratase.

Algo parecido debió ocurrirle a Israel Vallarta, quien apenas hace unos días fue absuelto de los delitos que lo mantuvieron preso, sin condena, durante cerca de veinte años. Fueron lustros y lustros de procesos judiciales dentro de un sistema de justicia, que, de forma incomprensible no fue capaz de emitir una sentencia ni siquiera en primera instancia.

Es tristemente probable que, de no hacer sido detenido, en aquel lejano ya diciembre de 2005, en compañía de una ciudadana francesa, Florence Cassez, Vallarta aun estaría preso y casi seguro, sin esperanza de salir.

Se trata de un caso plagado de irregularidades en todos sentidos. Partiendo de una detención arbitraria, de una escena del crimen construida, torturas de toda índole, de un montaje televisivo que el propio García Luna, entonces Secretario de Seguridad Pública debió reconocer en una entrevista. De complicidades y mentiras, de otras denuncias de supuestas víctimas que no ratificaron sus declaraciones, en una palabra, de un sistema judicial –formado por jueces y fiscalías– en estado de putrefacción avanzado donde era factible fabricar culpables a la misma velocidad que la los delincuentes creaban víctimas.

Al respecto de este caso está la novela fantástica de Jorge Volpi, Una novela criminal, donde se relata el caso desde la perspectiva de Cassez, que luego de ocho años de prisión, consiguió ser liberada y volver a Francia, pero sólo después de que el gobierno del Presidente Sarkozy convirtiera el asunto en un conflicto entre México y Francia.  

Ante un escenario tan turbio hay apenas unas pocas cosas que se pueden considerar ciertas: la detención y el proceso de Vallarta estuvo plagado de irregularidades, que sufrió un sin fin de torturas –algunas de ellas a la vista de todos al tener lugar frente a las cámaras de televisión– que en veinte años la fiscalía no fue capaz de probar que el acusado hubiese cometido los delitos de los que se le acusan –con lo cual jamás perdió su condición de inocente–, y que dicho individuo pasó veinte años de su vida en prisión sin que la autoridad hubiese emitido una sentencia. Que Israel Vallarta vivió preso durante un larguísimo tiempo donde no hubo tiempo, donde no pudo estar cerca de su familia, donde no pudo vivir su propia vida.

No sé qué esperanza de futuro tenga un país donde la justicia no existe, donde todos vivimos en la incertidumbre y el riesgo de que nos pase algo parecido si caemos de la gracia de algún poderoso. Donde un sistema de justicia podrido se sustituye por uno peor, donde las garantías para los ciudadanos de a pie son cada vez más difusas y donde se impone, cada vez con más cinismo, la ley de la selva y la forma de vida del viejo oeste.    

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(1) Frame Janet, Rostros en el agua, Primera Edición, España, Trotalibros Editorial – Piteas, 2022, Pág. 41

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Juan Carlos Aldir
Juan Carlos Aldir Licenciado en Filosofía y maestro en Filosofía y crítica de la cultura por la Universidad Intercontinental. Cursó un posgrado en Psicología, en la Escuela de Psicología Transpersonal Integral y el diplomado en Creación Literaria que imparte la Escuela de Escritores de México, SOGEM. Desde muy joven ha participado en diversos talleres literarios y colaborado en diversas publicaciones. En el año 2013 apareció su primera novela, Asesino de muertos, bajo el sello Punto de Lectura. En 2019 Editorial Planeta publicó su segunda novela: Donde empieza la noche. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir

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