Ya sucedió con el PRD, el actual movimiento social y político en el poder y hoy ya cuasi hegemónico en México hizo sucumbir, reducir a la nada al primer partido político en el país que logró aglutinar a prácticamente todas las fuerzas de la llamada izquierda, que debido a erráticas decisiones en su seno, vinculadas en su mayoría a la traición de sus principios básicos hicieron a dicho instituto político naufraga, sí, pero en el proceso fue lo que iba quedando de su estructura, devorada por un puñado de dirigentes corruptos y lo que le sigue, que se quedaron con la finalidad de beneficiarse de su inminente destrucción. ¿Cómo? Aprovechando las potestades pues (“prerrogativas” incluidas), que suponen las de un partido político nacional: acceso a multimillonarios presupuestos de todo tipo, en detrimento del erario.
Vienen entonces y ya no se ve el escenario lejos, sendos procesos similares en el revolucionario institucional y en acción nacional: sus dirigencias ya privilegiaran, sobre todo ante semejante cantidad de descalabros y destinos de todo tipo, el actuar como un molusco marino que vive de incrustarse en la madera de los barcos, alimentándose de la misma, y que (de no tomar previsiones) termina por hundirlas embarcaciones, el gusano de mar, o molusco teredo navalis.
Es un buen símil con las ya aquí citadas dirigencias partidistas que saben que el barco se hunde, pero que en el proceso hay bastante y suculenta madera con la cual hacer maravillas (los famosos “negocios”, eufemismo más utilizado en la política mexicana).
Y a lo sumo, a lo que aspiran es a ir retrasando su hundimiento, para tener la oportunidad de no dejar bocado desperdiciado, aunque dicho molusco sigue viviendo en los barcos ya hundidos, en los pecios, hasta eventualmente desaparecerlos. De ahí, de su misma naturaleza, que por ejemplo, ya buena parte de los dirigentes del hoy extinto PRD se afanen en formar otro instituto político a nivel nacional, no tanto por ideales de servicio y de aspirar a espacios reales de poder, como sí el de continuar con la oportunidad de pegarse a las maderas suculentas de embarcaciones, ya sea hundidas o con otro fin pues que no sea ese: su inminente final en el fondo de los mares, en este caso en particular, de la política.
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