A escasos días de iniciar los juegos olímpicos de 1968, al presidente se le tenía sin dormir, aprovechando su personalidad paranoica, su secretario de gobernación, Luis Echeverria, en quien confiaba ciegamente dado que durante todo el sexenio de López Mateos fue Diaz Ordaz, a la sazón secretario de Gobernación (1958 – 1964) no pocas veces una suerte de virtual encargado de despacho de la presidencia, dado las terribles migrañas que atormentaban al entonces presidente y lo dejaban imposibilitado para cualquier labor, además de las múltiples ausencias debido a los viajes que este hizo por el mundo, sacando a México de su introspección, proyectándolo al resto del planeta cómo lo hizo, con sinnúmero de frutos para el país.
Los juegos del 68, eran uno de ellos. Tan es así que Echeverria (como mano derecha de Gustavo Díaz Ordaz), tenía las riendas del país desde muchos años antes de ser presidente, que en el último año de López Mateos aparece presidiendo el gabinete en su último año, ya que Diaz Ordaz se había ido como el elegido “a la grande”.
Hoy se saben más detalles, puntualmente de cómo el ejército mexicano cayó en la misma trampa, ya que fueron agredidos a balazos desde el edificio Chihuahua en Tlatelolco aquella tarde del 2 de octubre; que las bengalas no cayeron desde ningún helicóptero, sino desde la misma unidad habitacional por el ‘batallón olimpia’, grupo paramilitar a las ordenes de Echeverria y Fernando Gutierrez Barrios, obvio de su creación, disparos realizados, más puntualmente, desde un departamento de unos parientes del propio Luis Echeverria en el referido edificio Chihuahua, quien desde las sombras alentó al dichoso “movimiento”, teniendo a la mano todos los resortes sociales y políticos del país, por un lado, y la ciega (e ingenua) confianza presidencial, que tenia pavor a la palabra COMUNISMO por el otro.
Se sabe también que el ejército mexicano salvó a mucha gente al principio de la refriega, hasta que acaecieron las primeras bajas de militares, que ya comenzaron a repeler la agresión de los estudiantes, que era justo lo que parecía y justo también el plan que salía a la perfección. Con todos estos movimientos, Luis Echeverria se aseguraba ser elegido del dedo sucesorio, había “resuelto el problema y salvado la olimpiada y el país”, a los ojos de Diaz Ordaz que en su último informe, al asumir la total responsabilidad de los hechos del año 68 dejaba limpio y libre a Echeverria de toda culpa, para ser el candidato a las elecciones de 1970.
Echeverria hizo una carambola de tres bandas porque también los militares quedaron imposibilitados en los hechos de acceder a la presidencia dado el injusto descrédito por esos acontecimientos, y se deshacía así del General Alfonso Corona del Rosal, regente de la ciudad con Diaz Ordaz y personaje que le estorbaba, poniendo punto final a su carrera política.
En fin, que no cabe duda que eso de que en México el presidente es la persona mejor informada del país no siempre es verdad. Puede ser, sí, la más informada, pero la información en ocasiones se le filtrara a conveniencia de personajes que tienen en sus manos los aparatos de inteligencia del Estado mexicano.
¿Perdió mucho el país con la presidencia de Echeverria? Baste con recordar aquello de “la economía, a partir de hoy, se maneja desde Los Pinos”, lo cual trajo incontables crisis y miseria a México, terminando con una estabilidad económica y crecimiento de décadas. En cuestiones de seguridad pública, el símil sería el sexenio de Felipe Calderón, en el cual el país perdió, quizás para siempre su divisa más preciada: la PAZ SOCIAL.
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