Don Jesús Reyes Heroles afirmaba que la política es como un burdel y por ende nadie puede salir prístino de ahí. Esta reflexión viene a cuento del doble papel que podría estar jugando Adán Augusto López Hernández. En el primer papel, el titular de la SEGOB funge como posible “tapado” del presidente López Obrador para sucederlo en el cargo al más puro estilo del proceso sucesorio de 1976.
Cabe recordar que el entonces presidente Luis Echeverría fue metiendo a su sucesor y amigo de la infancia, José López Portillo, a ese juego por la ansiada candidatura oficial por “la grande”. Primero despistó a medio mundillo político mexicano colocándolo en la CFE, para después, intempestivamente, nombrarlo secretario de Hacienda y Crédito Público pese a no tener el perfil para ese puesto. Huelga decir que López Portillo fue el presidente en el siguiente sexenio (1976 -1982).
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Pero es el segundo papel el que parece más relevante y por el que el presidente López Obrador llevó a su gabinete al hoy gobernador con licencia de Tabasco Adán Augusto: el de consagrar el concurso de sus esfuerzos para garantizar la unidad cuatroteísta al momento de que se designe a un candidato. A la luz de las tercas encuestas y sondeos, vemos que su precandidatura, acaso por presentarse de forma tardía, no levanta como él y otros quisieran.
Veamos. En caso de que, por ejemplo, Claudia Sheinbaum sea la candidata elegida por MORENA, Adán Augusto sumaria enormidades a evitar escisión alguna hacia el seno del gabinete y/o partido con su apoyo institucional y personal. El titular de Gobernación, completamente alejado de berrinches y muestras abiertas de inconformidad con el resultado, respaldaría y por ende legitimaría el método de elección elegido al interior de MORENA.
Incluso, los buenos oficios de Adán Augusto darían luz verde a desencadenar un efecto de “CARGADA” – tradición añeja de la política mexicana–. En cuanto a los métodos para así evitar eventuales rupturas, desde su posición como vicepresidente de facto, podría negociar con las fuerzas políticas al interior de MORENA e incluso usar métodos persuasivos menos elegantes, ya que en la SEGOB se tienen todos los hilos y resortes de los sistemas de inteligencia del país.
Cabe recordar que Adán Augusto posee expedientes de absolutamente todos los actores del actual gobierno (y también ya de pasados). Éstos no solo se limitan a sus aciertos inherentes en las responsabilidades de sus trabajos que encabezan, sino también a sus desaciertos (“cola que les pisen”). Quienes tengan pensado en irse “por la libre” para contender por la Presidencia y estar sí o sí en la boleta electoral, tendrán que pensarlo dos veces. E incluso tendrán que quedarse en su partido por convencimiento o “voluntariamente a fuerzas”, con una sonrisa de oreja a oreja incluida y felicitaciones de todo tipo para quien resulte ser el candidato con más simpatía popular en las encuestas.
Volviendo a las aspiraciones presidenciales de Adán Augusto, cabe destacar que de todas “las corcholatas” es el más joven, y de no resultar el candidato oficial para suceder a AMLO, sería desde el mismo 1 de octubre de 2024, la cabeza más visible hacia la todavía muy lejana sucesión Presidencial del año 2030.
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