CARTAS A TORA CLXXXVII

Querida Tora: Alguna vez te he hablado de los hijos de los vecinos, que son muchos. En general son buenos muchachos, pero a veces nos...

17 de julio, 2020

Querida Tora:

    Alguna vez te he hablado de los hijos de los vecinos, que son muchos. En general son buenos muchachos, pero a veces nos dan disgustos. Acaba de pasar con  el chavo del 37, que es tan bronco como su padre, y el del 17 (bueno, uno de cada vivienda, porque son un montón de hermanos en cada una).

    Estaban jugando en el patio con otros muchachos, y el del 37 le dio una trompada al otro y le sacó el mole.

    Aclaración: No estaban en la cocina. Ya te dije que estaban en el patio. Y no creas que fue a robarle el mole a la cocina de su casa; ni que le abrió el estómago y le sacó lo que había comido. No. En este país, “sacarle el mole” a alguien es hacer que le salga sangre a alguien con un golpe o una herida. Ya no se usa mucho. Pero se oye bonito eso del mole, ¿no?

    Volvamos al asunto. El del 17 se fue a quejar con su papá. Entonces, éste fue a reclamarle al del 37. Pero el del 37 le contestó con una patada en la espinilla que, aunque no le sacó nada, le dolió hasta el alma. El chavo arrastró a su papá a la vivienda, y juntos  discurrieron la forma de tomar venganza. ¿Y sabes qué se les ocurrió? Echar una paloma dentro de su casa.

    Otra aclaración: paloma no es, en este caso, ese simpático pájaro que siempre se está arrullando con la pareja. Paloma es un cohetón bien relleno de pólvora.

    ¿Y cómo iban a echar la paloma en la casa del otro? El 17 está en la planta baja y el 37 en el primer piso, y comparten la misma azotehuela. Todo era cuestión de lanzarla por la ventana a la ventana de la otra casa. Así lo hicieron. Con la mala suerte de que el papá del 17 tiene muy mala puntería, y la paloma entró por una ventana del 38, donde vive un  señor muy enojón; y le cayó el cohetón encima cuando estaba muy ocupado con su esposa. ¡Entonces sí que se armó la gorda!

    Aclaración #3: Ninguna de las señoras del cuento está gorda, así que no pienses que una de ellas tomó todas las armas que encontró y se lanzó contra los ofensores. No, ésta es una expresión que indica que se formó una trifulca muy gorda. No porque las trifulcas sean en sí gordas o flacas, sino porque fue muy grande, muy ruidosa y muy peligrosa.

    Efectivamente, a los cinco minutos ya estaban todos los habitantes de las tres viviendas enfrentados, gritándose, amenazándose con palos y con rodillos, con ollas y con sartenes y hasta con los biberones de los bebés. Naturalmente, salieron todos los vecinos, y cada uno tomó partido por los de su preferencia. Todos gritaban, todos levantaban el puño, todos se ponían los zapatos más pesados que tenían para lanzarse a las patadas. De las vecindades cercanas muchos se asomaron por la azotea, a ver qué pasaba, y algunos se atrevieron a entrar al patio. Y como no podía ser menos, se formaron bandos entre ellos también porque quien más quien menos, todos se conocen. Y empezaron las porras, los gritos de aliento y hasta los himnos de batalla… hasta que intervino el portero.

    No te enojes, pero tengo que hablar bien  de él. Llegó con todos sus guaruras; y a la voz de “¡Ya!”, todos dispararon sus pistolas. Chinampinas, como siempre, pero con muy buen efecto psicológico. Se acabaron los gritos. Y luego el portero, con voz tonante, les ordenó que se metieran en sus viviendas y no salieran durante el resto del día. ¿Y qué crees? Todos le hicieron caso, y se encerraron. Ya casi en la noche salieron las señoras, platicaron, se dieron  de besos y regresaron a sus viviendas diciendo que habían pactado un armisticio “por tiempo indefinido”, y que cada quien  se aguantara con sus heridas.

    Los únicos heridos eran los del 17, pero la señora se puso enérgica, y ni siquiera rechistaron. Luego fue muy felicitada por los vecinos, y el portero hasta pensó en otorgarle una medalla, pero decidió que era muy caro y desechó la idea.

    ¿Qué te parece? Estuvimos a punto de una guerra civil. Y que a lo mejor cundía a otras vecindades. ¿Te imaginas lo que pudo haber pasado? Y todo por una estupidez.

Te quiere,

Cocatú

 

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Enrique Delgado Fresán
Traductor, escritor e Ingeniero Químico por la UNAM, con experiencia laboral de más de 40 años en distintas industrias. Como traductor cuenta con una amplia trayectoria. Ha traducido del inglés al español alrededor de 30 obras de teatro de diversos géneros (comedia, drama, musicales), tales como: “El Hombre de La Mancha”, “El Violinista en el Tejado”, “El Reino de la Tierra”, “Sálvese Quien pueda”, “Sabueso” y “Cabaret” entre otras. Cuenta con la Certificación de Perito Traductor del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, con el No. 43 en la lista de Traductores e Intérpretes en Inglés donde en aproximadamente lleva 10 años haciendo traducciones de diferentes tipos. Ha publicado en revistas como “España”, “Mire”, “Aspectos”, “Istmo” y un libro llamado “Los Beatles. Una historia irrepetible”. Es autor de cinco obras teatrales. Ha escrito guiones televisivos para diversos programas. En 2016, la Sociedad General de Escritores de México le otorgó la presea “Caridad Bravo Adams”. Contacto: [email protected]




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