El caso del general Salvador Cienfuegos tiene de nuevo alborotada y dividida a la opinión pública del país.
Desde su arresto en el aeropuerto internacional de Los Ángeles, California, el 15 de octubre de 2020, cuando regresaba a México después de pasar unas vacaciones en esa ciudad, hasta su exoneración por la Fiscalía General de la República, el jueves pasado, el asunto ha polarizado aún más a los mexicanos.
Recordemos que el Departamento de Justicia de Estados Unidos y las instituciones que de él dependen, como son la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) y la fiscalía federal para el Distrito Este de Nueva York, aseguraron tener en su posesión pruebas irrefutables de la culpabilidad de Cienfuegos.
Si ese era el caso, ¿por qué transcurrieron 429 días entre el 14 de agosto de 2019, día en que un gran jurado en el Distrito Este de Nueva York lo acusó de ser narcotraficante y lavador de dinero, y su arresto?
Hasta ahora ninguna autoridad estadounidense ha explicado por qué se demoró tanto su captura o por qué no fue arrestado antes en vista de que después del 14 de agosto de 2019 había viajado por lo menos una vez a Estados Unidos.
Las autoridades judiciales estadounidenses aseguraron que las pruebas que tenían contra el militar mexicano eran contundentes y suficientes para que un juez lo sentenciara a pasar el resto de sus días encerrado en una prisión de alta seguridad.
Todo parecía indicar que el exsecretario tenía todas las de perder cuando, sorpresivamente, el 18 de noviembre pasado el Departamento de Justicia decidió retirar los cargos que había presentado contra él “para que pueda ser investigado y, en su caso, procesado de acuerdo con las leyes mexicanas”. La decisión fue sorpresiva, inaudita y sin precedentes. Nadie en México o en EEUU creyó que el general fuera a ser investigado y menos juzgado en nuestro país.
Al parecer la FGR sí investigó a Cienfuegos y concluyó que es inocente, exonerándolo el jueves pasado y emitiendo un boletín en donde por medio de 11 puntos echó por tierra las supuestas pruebas que recabó la DEA.
El viernes pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador se preguntó: “¿Por qué hicieron esta investigación así sin sustento, sin pruebas?”. Y añadió: “… aun cuando ya llevaban mucho tiempo con la investigación, detienen al general antes de las elecciones y ya el general Cienfuegos, de acuerdo a la información que tenemos, ya había estado en EEUU, en marzo había estado de visita con su familia”.
Hace tres meses, el 18 de octubre, especulé por qué Trump ordenó liberar al general Cienfuegos:
“Es probable que Trump haya decidido endosarle el problema al presidente Andrés Manuel López Obrador (…) no es descabellado suponer que Trump, ya como expresidente, quiera seguir promoviendo el sentimiento antimexicano que hay en muchos de sus seguidores acusando al gobierno de nuestro país de no investigar al general y al de Biden de no presionar a la FGR para que lo haga.
“Trump buscará ser candidato presidencial en 2024 y necesitará nuevos asuntos de qué hablar. El caso Cienfuegos, si no se resuelve convincentemente en México, le dará razones para irse en contra de su sucesor”.
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