La presidenta Claudia Sheinbaum, la secretaria de Energía Luz Elena González Escobar y la directora general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) Emilia Calleja Alor, presentaron ayer un ambicioso plan para fortalecer y expandir la infraestructura eléctrica de México. Con una inversión de 22,377 millones de dólares, promete añadir 21,846 megavatios (MW) de capacidad al sistema eléctrico, un aumento del 47.6% para llegar a 66,603 MW, y preparar a nuestro país para los desafíos energéticos del futuro en un contexto global cada vez más complejo.
El plan busca incrementar la participación de energías limpias al 38% del total para 2030. Esto incluye 7 proyectos eólicos, 9 fotovoltaicos y sistemas de almacenamiento con baterías. También se contemplan 145 proyectos de transmisión y casi 37,000 electrificaciones en zonas rurales. Incluso hay un componente de justicia social, con planes para llevar electricidad e internet a comunidades marginadas.
Sin embargo, el plan enfrenta muchos desafíos. La demanda máxima del sistema eléctrico nacional se estima que crecerá a una tasa anual del 2.6%, alcanzando 64,979 MW en 2030. El plan adiciona capacidad, pero ¿se lograrán sus metas para satisfacer este crecimiento?
Además, está el fenómeno del nearshoring, que ahora enfrenta obstáculos debido a la amenaza de Trump de imponer aranceles del 25% a las exportaciones mexicanas y su intención de reubicar empresas de México a Estados Unidos. El auge de inversiones que se esperaba podría no ocurrir, Sin embargo, esto también podría significar una oportunidad para que México fortalezca su mercado interno y diversifique sus socios comerciales.
La dependencia de combustibles fósiles sigue siendo un asunto por resolver. Aunque se aumenta la participación de energías limpias, aún hay camino por recorrer hacia una verdadera transición energética. En un país en donde los retrasos en proyectos gubernamentales son una preocupación, el plan ofrece un cronograma realista, con algunos proyectos clave entrando en operación a partir de 2026.
La inversión privada será fundamental. El plan cuenta con que las empresas privadas aporten entre 6,400 y 9,550 MW adicionales. Sin embargo, debe haber certidumbre jurídica y una regulación que fomente esta inversión, especialmente en un contexto de incertidumbre económica.
En resumen, el plan del gobierno de la presidenta Sheinbaum es ambicioso y, aunque enfrenta desafíos significativos, representa un paso importante en la dirección correcta porque México necesita un plan energético que no solo satisfaga la demanda actual, sino que prepare al país para un futuro de crecimiento económico y transición energética en un entorno global cambiante. Este plan sienta las bases para ese futuro, aunque requerirá flexibilidad y adaptabilidad en el camino.
Como siempre, el éxito estará en los detalles y en la implementación. Pero con la voluntad política, la inversión adecuada y la capacidad de adaptarse a los desafíos globales, este plan podría ser el impulso que necesita el sector eléctrico mexicano para enfrentar un futuro incierto. Si se ejecuta correctamente, podríamos estar viendo el inicio de una nueva era energética para México que prepare al país para cualquier escenario global.
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