La conducta que el presidente Donald Trump y el vicepresidente JD Vance mostraron ante el mundo el viernes pasado hacia el mandatario ucraniano Volodímir Zelenski en la Oficina Oval de la Casa Blanca debe preocupar a México y a todos los aliados de Estados Unidos.
El trato denigrante y hostil que recibió Zelenski, marcado por los gritos y amenazas de Trump y de su vicepresidente, que en un mensaje privado enviado a un amigo en 2016 comparó a su ahora jefe con Hitler, representa una ruptura alarmante con las normas diplomáticas. Lo más perturbador es el contraste entre este desprecio hacia un aliado agredido y la admiración que Trump expresa por Vladimir Putin, llamándolo “muy inteligente” y “astuto”, e incluso elogiando su invasión a Ucrania como un acto de “genialidad”.
Este comportamiento no es un incidente aislado, sino un patrón sistemático en la conducta de Trump hacia los aliados tradicionales de EEUU. Su enfoque transaccional y agresivo amenaza con erosionar décadas de relaciones diplomáticas cuidadosamente construidas. Trump ha afirmado que su país le ha dado 350 mil millones de dólares en ayuda militar a Ucrania, pero fuentes oficiales indican que la cifra real es de unos 175 mil millones, poco menos de los que Ucrania ha recibido de sus aliados europeos. Esta exageración demuestra como manipula los hechos para justificar su postura beligerante.
Como mexicanos, debemos suponer que la conducta de Trump y Vance se está replicando en las negociaciones entre funcionarios mexicanos y estadounidenses sobre temas cruciales como el fentanilo, la migración, el tráfico de armas y los aranceles. La historia reciente, como las amenazas de aranceles en 2019 y el alarde de Trump sobre cómo doblegó al entonces secretario de Relaciones Exteriores y hoy de Economía, Marcelo Ebrard, debe preocuparnos.
Este enfoque de mano dura es incompatible con una relación bilateral respetuosa y mutuamente beneficiosa. México no es un adversario al que se deba someter, sino un socio estratégico esencial para abordar desafíos compartidos.
Es crucial que los mexicanos y nuestros gobernantes estemos atentos a estas dinámicas. No podemos ni debemos permitir que la dignidad de nuestro país sea pisoteada en aras de satisfacer caprichos y demandas irracionales. Como nación soberana y aliada de EEUU, México debe seguir exigiendo un trato respetuoso.
La comunidad internacional, incluido México, debe alzar la voz contra estas prácticas diplomáticas abusivas y la peligrosa admiración de Trump hacia Putin y dictadores como el chino Xi Jinping, el norcoreano Kim Jong Un o el húngaro Viktor Orbán. El silencio del mundo alentará más comportamientos inaceptables y envalentonará a otros líderes autoritarios.
El trato dado a Zelenski, las alabanzas a Putin y otros dictadores y las presiones sobre México, Canadá y la Unión Europea representan una amenaza para todas las naciones que valoran la democracia. México debe seguir defendiendo sus intereses y la presidenta Claudia Sheinbaum debe mantenerse firme frente a presiones de Trump y su gobierno. Mañana sabremos si la cabeza fría de ella sirvió para prevenir los aranceles de él y mantener la estabilidad de nuestro país y la integridad de las relaciones México-Estados Unidos.
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