Los aranceles que Donald Trump decidió imponer a los productos que EEUU importe de cualquier país del mundo representan un retroceso hacia el proteccionismo más agresivo y un debilitamiento deliberado del sistema multilateral construido tras la Segunda Guerra Mundial. Con estos aranceles, que afectan a la mayoría de los socios comerciales de EEUU, se inicia un nuevo capítulo de incertidumbre económica y tensión geopolítica.
El orden económico global basado en principios de libre comercio y resolución multilateral de disputas ha sido desafiado frontalmente por Trump. La Organización Mundial del Comercio (OMC), ya debilitada por la inacción y el boicot estadounidense a su órgano de apelación, se volverá irrelevante. La imposición unilateral de tarifas a países aliados erosiona décadas de confianza y cooperación.
En América del Norte, el impacto ha sido inmediato. El T-MEC promovido por Trump durante su primer mandato, queda en entredicho. Tanto México como Canadá han advertido que las nuevas medidas violan el tratado y preparan respuestas legales y comerciales. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura firme pero prudente. Las represalias serán inevitables si EEUU persiste en utilizar los aranceles como instrumento de presión política.
El costo económico ya es evidente. En EEUU, sectores como el automotriz, la manufactura y la agricultura enfrentan aumentos de costos y restricciones en los mercados de exportación. El precio promedio de los automóviles nuevos podría aumentar en más de 6,000 dólares. Los agricultores exportadores, especialmente los que dependen de China y México, verán reducida la demanda por sus productos, lo que afectará la rentabilidad de sus negocios y también el empleo rural.
México es particularmente vulnerable ya que el 83 % de sus exportaciones van a EEUU. La imposición del arancel de 25% afectará inversiones, empleos e ingresos fiscales en nuestro país. Ante ello, el gobierno busca acelerar la diversificación de sus mercados, fortaleciendo su presencia en Europa mediante el Acuerdo Global Modernizado con la UE y ampliando su participación en los mecanismos comerciales del Asia-Pacífico, particularmente con China y el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT).
A nivel internacional, los efectos geopolíticos no se limitan a lo económico. Canadá ha acelerado sus vínculos con Europa, China se posiciona como alternativa estratégica y los países del Asia-Pacífico exploran nuevas alianzas. Esta fragmentación debilitará la influencia global de EEUU y acelerará un proceso de realineamiento comercial que favorecerá a la UE y China.
El precedente que establece la política comercial unilateral de Trump es preocupante. El uso de aranceles como herramienta de presión política mina la confianza entre socios, encarece productos, interrumpe cadenas de suministro y alienta respuestas similares en otras regiones. El nacionalismo económico, lejos de ofrecer estabilidad, introduce rigidez, fragmentación y tensión.
EEUU arriesga no solo su reputación como líder económico global, sino también la efectividad de sus futuras negociaciones comerciales. El costo de esta estrategia podrá traducirse en pérdida de influencia, competitividad y cohesión internacional.
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