Para los populistas, el “pueblo” está conformado única y exclusivamente por los hombres y mujeres que votan por sus candidatos a cualquier cargo de elección popular, desde un regidor municipal hasta un presidente de la República, pasando por un legislador federal o local. También pueden pertenecer a ese “pueblo” aquellos que no votaron por sus candidatos, pero que posteriormente aceptaron su error y terminaron dándoles su apoyo. Por lo anterior, quienes no votan por ellos ni apoyan sus decisiones son caracterizados como malos, egoístas y enemigos del “pueblo”.
Según los populistas, los funcionarios que no fueron electos mediante el voto popular no representan realmente al “pueblo” y en nombre de éste pueden y deben ser removidos cuando desobedezcan lo que determinen u opinen los que sí obtuvieron sus cargos mediante una elección abierta a todos los ciudadanos.
Así piensan los populistas sea cual sea su nacionalidad, su origen social o su ideología. Y la muestra de esta similitud la pudimos ver tanto en Estados Unidos como en México durante la semana recién concluida.
En el vecino país, el populista que hoy es su presidente pronunció el sábado pasado un discurso de más de dos horas de duración en donde deslegitimó a dos funcionarios de su propio gobierno: el vicefiscal, general Rod Rosenstein, y el fiscal especial que investiga los posibles vínculos de su campaña electoral con Rusia, Robert Mueller.
Trump intentó deslegitimar a ambos funcionarios al expresar que ninguno de los dos logró su cargo mediante una votación popular. Es decir que, para el presidente gringo, ellos no representan al “pueblo” que supuestamente sí estaba representado por él y los miles que asistieron al evento organizado por la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).
Días antes de que Trump dijera lo que dijo, un senador mexicano amenazó con desaparecer a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que de acuerdo con nuestra constitución es donde reside el Poder Judicial de la federación. Y no solo eso, el legislador también aseguró que el Judicial es “un poder secundario” porque “no fue elegido por la población”, por el “pueblo”.
Félix Salgado Macedonio fue quien dijo lo anterior el martes de la semana pasada. Estoy seguro de que antes de referirse a Rosenstein y Mueller, el señor Trump no tuvo conocimiento de lo dicho por el populista mexicano que, a diferencia de él, no trató de restarle legitimidad a solo un par de individuos, sino a todo el Poder Judicial de la Nación.
Al referirse a la negativa de los ministros de la Suprema Corte de bajarse los sueldos, el senador guerrerense dijo que “Si ellos no se ajustan a la ley, estarán fuera de la ley porque estarán cobrando salarios fuera de lo que dice la ley y se van a poner en una predicación donde el pueblo los va a sacar”. Otra vez el “pueblo”…
Al inicio de esta columna dije que los populistas se asemejan sin importar sus orígenes: Trump nació millonario, Salgado proviene de una familia campesina; Trump es abstemio, Salgado dista muchísimo de serlo. Pese a sus diferencias, ambos usan a lo que llaman “pueblo” para justificar sus acciones. Cuidado con ellos porque algún día podrían intentar un golpe de Estado en nombre de ese “pueblo”.
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