Ayer fue capturado José Antonio el “Marro” Yépez Ortiz, jefe del Cártel de Santa Rosa de Lima, organización criminal que se fundó en 2014 en el pueblo del mismo nombre en el municipio guanajuatense de Villagrán, localizado a unos 90 kilómetros al sureste de la ciudad de Guanajuato.
El Santa Rosa de Lima opera en casi todo Guanajuato, especialmente en los municipios de Celaya, Irapuato, Salamanca, San Luis de la Paz, Santa Cruz, Valle de Santiago y Villagrán.
El “Marro”, de 40 años, empezó sus actividades criminales en 2010, dedicándose al narcotráfico y robo a autotransporte. Durante el sexenio pasado su banda incursionó exitosamente en el robo de combustibles a ductos de PEMEX –delito que se conoce como huachicoleo–, sin que por eso dejara de traficar drogas, secuestrar a personas, extorsionar a particulares y empresas, lavar dinero y matar a quien se pusiera en su camino.
En 2017 varios medios de comunicación difundieron que su organización robaba diariamente combustibles con un valor de más de un millón de dólares de los diversos ductos que hay en Guanajuato.
Ese mismo año, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio el “Mencho” Oseguera, le propuso que Santa Rosa siguiera dedicándose al huachicoleo pero que le permitiera al CJNG transportar drogas a través de Guanajuato. El “Marro” no solo mandó al diablo al “Mencho” sino que ordenó matar a su emisario y sobrino en un restaurante de Irapuato.
Empezó así una guerra entre una organización trasnacional, el CJNG, y una local, el Santa Rosa, que no tiene relevancia fuera de Guanajuato y algunas zonas de Querétaro y Michoacán,
A causa de este enfrentamiento, a partir de 2017 el número de homicidios dolosos en Guanajuato aumentó año tras año: 947 en 2016, 1,084 en 2017, 2,609 en 2018, 2,775 en 2019 y 1,691 en los primeros seis meses de 2020 (datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública).
La tasa de homicidio doloso de Guanajuato, que es el número de homicidios dolosos cometidos por cada 100 000 habitantes, se disparó de la siguiente manera: 17.89 en 2017, 42.65 en 2018, 44.95 en 2019 y 27.15 en lo que va de este año.
A nivel nacional, esta tasa fue de 20.18 en 2017, 23.22 en 2018, 23.27 en 2019 y 11.39 en el primer semestre del año en curso.
Lo anterior nos indica que la tasa para Guanajuato, que era ligeramente inferior al promedio en 2016 y 2017, se disparó a partir de 2018 y que la violencia en ese estado, por lo menos medida por este indicador, es de casi el doble que el promedio nacional.
Lo que ahora debemos preguntarnos es qué sucederá con el Cártel de Santa Rosa de Lima después de la captura de su líder y fundador. ¿Heredará pacífica y ordenadamente su posición alguno de sus familiares o lugartenientes o, como ha sucedido en otras organizaciones después de haber perdido a su máximo dirigente, empezarán a disputarse violentamente el poder diversos grupos hasta que uno predomine sobre los demás? ¿O se dividirá en varios grupos antagónicos que se mantengan en permanente lucha? ¿O desaparecerá y sus actuales integrantes buscarán incorporarse a otra organización, incluso al mismo CJNG?
Finalmente, ¿quién gana con la captura del “Marro”? ¿El pueblo de Guanajuato o el “Mencho”?
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