La agencia Reuters informó el lunes pasado que “Amazon.com está desplegando máquinas para automatizar un trabajo que hoy realizan miles de sus trabajadores: empaquetar los pedidos de sus clientes”, y que por ello serán despedidos más de 1300 empleados en 55 centros de distribución. Por eso, “Amazon espera recuperar los costos en menos de dos años, que son de un millón de dólares por máquina más los gastos operativos”.
Lo que sucede en Amazon ocurre en un número creciente de organizaciones públicas y privadas alrededor del planeta. Los empleos que exigen pocas habilidades y conocimientos son desplazados por robots y la cada vez más sofisticada Inteligencia Artificial (IA).
Por ejemplo, en Japón hay cafeterías en donde un robot prepan dos cafés en menos de un minuto, algo imposible para un barista. Y las ventanas de muchos edificios en varios países ya son lavadas por robots que, a diferencia de los humanos, si se caen al vacío no mueren y fácilmente se reemplazan.
Lo que hoy sucede es un aceleramiento de los procesos de automatización que se iniciaron en la Revolución Industrial, cuando en 1770 el inglés James Hargreaves inventó la hiladora Jenny. Después se desarrollaron máquinas capaces de aumentar la producción de diversos productos con menos mano de obra, lo que permitió reducir sus costos de manufactura y hacerlos más accesibles a un número mayor de consumidores.
La robótica y la IA afectarán la vida de millones de personas al desparecer diversas actividades, transformar otras y generar nuevas ocupaciones, muchas de las cuales no podemos siquiera imaginar. Para comprender la magnitud del asunto basta con buscar “robots AND desempleo” en Google y aparecerán 3 140 000 resultados; al ingresar “inteligencia AND artificial AND desempleo” surgirán 2 360 000 resultados.
En 2013 los académicos de la Universidad de Oxford, Carl Frey y Michael Osborne, publicaron su estudio The Future of Employment: How Susceptible Are Jobs To Computerisation? (El Futuro del Trabajo: ¿Qué tan Susceptibles son los Empleos a la Computarización?), en donde afirmaron que el 47% del empleo total está en situación de alto riesgo ya que “muchas de sus ocupaciones son susceptibles de ser automatizadas en una o dos décadas”. Según ellos, primero perderán sus trabajos la mayoría de los trabajadores del sector del transporte y de la logística, luego seguirán los administrativos y, en general, todos los relacionados con una oficina, y los vinculados a los procesos de fabricación y producción”.
Hay quienes afirman que los empleos perdidos ante los robots y la IA se reemplazarán por nuevos trabajos creados por la misma revolución tecnológica, pero también hay quienes aseguran que esta sustitución nunca se dará. Solo el tiempo nos dirá quién tiene razón.
Ante esta realidad, ¿la recién aprobada Reforma Educativa será capaz de proporcionarles a millones de niños y jóvenes los conocimientos y habilidades necesarios para triunfar en el mercado laboral que está emergiendo?
Para poder responder a esta pregunta habrá que revisar los programas de estudio que surgirán como resultado de la reforma lopezobradorista. Ojalá los burócratas encargados de desarrollarlos estén a la altura de las circunstancias.
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