¿Por qué hay tantos delincuentes prófugos en México? ¿Qué es lo que dificulta su localización y captura? ¿Puede alguien desaparecer y no ser detectado mediante la utilización de las más avanzadas herramientas tecnológicas que supuestamente tiene el Estado?
En www.recompensas.gob.mx aparecen los datos de decenas de hombres y mujeres que son buscados por la Fiscalía General de la República (FGR). Entre los datos están sus nombres, fotografías (cuando hay disponibles), alias, delitos que presuntamente han cometido y el monto de la recompensa que ofrece el gobierno a quien posibilite su captura.
El primero en la lista es el famoso Juan José “El Azul” Esparragoza Moreno, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa. Por él se ofrece una recompensa de 30 millones de pesos, a pesar de que es muy probable que haya muerto de un infarto en 2014.
El siguiente es Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, “El Gallero” o “El Señor de los Gallos”, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación por quien el gobierno federal ofrece 30 millones de pesos y el de EEUU 10 millones de dólares.
En tercer lugar aparece Ismael “El Mayo” Zambada García, otro líder del Cártel de Sinaloa. Por él la FGR ofrece 30 millones de pesos y el gobierno estadounidense da 15 millones de dólares.
En el sitio arriba citado aparecen más personas que son buscadas por la FGR, algunos desde hace años.
Entre estos prófugos está José Noriel “El Chueco” Portillo Gil, quien mató a dos sacerdotes jesuitas y un guía de turistas en Cerocahui, Chihuahua, el 20 de junio. En su contra hay una orden de aprehensión desde 2018 por cometer, entre otros delitos, varios asesinatos.
El hecho de que tantos criminales sigan libres demuestra que la FGR y las fiscalías de los estados carecen de los recursos humanos y tecnológicos que permitan su captura y/o de la voluntad de sus funcionarios para cumplir con sus responsabilidades.
En varios países los criminales son localizados utilizando diversos métodos, entre ellos: escuchas electrónicas, interceptación de comunicaciones, infiltración de bandas delictivas, videocámaras, drones, seguimiento de familiares, amigos y posibles cómplices, y entrega de recompensas garantizando el anonimato del informante. Actividades que cuestan mucho dinero realizar.
Los investigadores también obtienen información entrevistando a miembros de las comunidades en donde los delincuentes operan, pero en nuestro país aparentemente esto es difícil porque muchas personas viven intimidadas o sobornadas por los delincuentes. En algunos casos son admirados por las personas debido a que son vistos como valientes que osan enfrentarse a autoridades impopulares o, peor aún, porque proveen de servicios básicos a comunidades olvidadas por sus gobernantes. O sea que, así como existen familiares y amigos encubridores, también hay comunidades encubridoras de criminales.
Finalmente, la falta de voluntad de muchos de los que deben impartir y procurar justicia, ya sea porque son irresponsables o corruptos o están intimidados por los delincuentes, es un factor que también impide la captura o encarcelamiento de éstos.
Lo peor de todo es que el tiempo pasa, pero no hay nada que permita creer que la mayoría de estos delincuentes acabará tras las rejas.
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