Hasta abril del año pasado, 1 562 000 niños en todo el mundo habían sufrido la muerte de un padre, abuelo con custodia u otro pariente que los cuidó, como resultado de COVID-19, de acuerdo con un amplio estudio que se publicó el 20 de julio de 2021 en la prestigiada revista médica británica The Lancet, que puede verse en www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)01253-8/fulltext.
Con base en los datos y la metodología de este estudio, la maestra en la Universidad de Oxford y codirectora de la organización internacional COVID-19 Emergency Parenting dijo que ese número aumentó a 5.2 millones en noviembre del año pasado y que en 2022 el número de huérfanos llegará a 10 millones.
En México, hasta agosto del año pasado, el número de niñas y niños que perdieron a sus cuidadores primarios o secundarios, incluyendo padre, madre, abuelos con custodia o que vivían con ellos, sumaron 244 500, de acuerdo con un análisis que, partiendo de los datos y metodología anotados en The Lancet, realizó Carla Angélica Gómez Macfarland, investigadora en la Dirección General de Análisis Legislativo del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República. Dicho estudio puede verse en bibliodigitalibd.senado.gob.mx/bitstream/handle/123456789/5398/ML_208.pdf?sequence=1&isAllowed=y.
En su análisis, Gómez Macfarland anota que “por cada 100 muertes por Covid hay 90 niñas y niños con pérdidas de cuidadores (primarios o secundarios)”, lo que permite afirmar que hasta ayer el número de huérfanos por COVID-19 llegó a 517 844.
Este número es el 90% de 575 382, cifra que, de acuerdo con el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, es la cantidad de personas que hasta ayer había matado el COVID-19.
¿Qué va a suceder con estos más de 500 mil niños mexicanos? ¿Qué está haciendo la sociedad mexicana para prevenir que su vida no sea un infierno?
Tal vez no haya quien pueda salvar a la mayoría de ellos de, como lo señala el Banco Mundial, “una constelación de riesgos que a menudo llegan con consecuencias rápidas y amplias (…) pobreza, desnutrición, desplazamiento y separación de hermanos u otros miembros de la familia, abandono escolar, depresión, violencia y matrimonio infantil pueden surgir repentinamente de la caja de Pandora del COVID-19”.
Para complicar más las cosas, la mayoría de estos niños son pobres y pertenecen a familias pobres. Que alguno de sus familiares se encargue de ellos usualmente representaría un sacrificio económico que difícilmente pueden enfrentar.
Luego, las instituciones públicas y privadas que atienden a niños sin familiares que los cuiden se destacan por su falta de recursos y, en muchos casos, total falta de capacidad de quienes en ellas trabajan. Abundan los ejemplos de niños maltratados y descuidados. Una de estas hasta le prestó a un bebé huérfano por un día al gobernador de Nuevo León y a su esposa influencer para que pudieran presumir lo buenos que son en sus frívolas redes sociales.
La mayoría de estos 517 844 menores de edad, más los que se sigan acumulando gracias al pésimo manejo de la pandemia, enfrentan un lóbrego futuro en un país en donde casi todos aparentemente prefieren ignorar su existencia. ¿Cuántos de ellos no serán adoptados por una organización delincuencial?
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