En el cine, los zombis son cadáveres revividos por medios sobrenaturales, científicos o virales. Sin inteligencia, más o menos putrefactos y movimientos torpes, actúan por instinto con un deseo insaciable de devorar carne humana. Su condición es contagiosa: los que muerden también se convierten en zombis.
En la economía también hay zombis: empresas tan endeudadas que apenas pueden pagar los intereses de sus préstamos. Según Associated Press, hay casi 7,000 empresas zombis en el mundo, 2,000 de ellas en EEUU. Muchas enfrentan una crisis con cientos de miles de millones de dólares en préstamos a vencer este año.
El problema surge de años de deuda barata seguidos por un periodo de inflación persistente que elevó los costos de los préstamos a niveles no vistos en una década. Empresas como Carnival Cruise Line, JetBlue y Peloton han sido especialmente afectadas y luchan por sobrevivir mientras los intereses se comen sus ingresos.
Las recompras de acciones, una práctica común entre estas empresas, agravaron su situación financiera. En lugar de invertir en expansión o innovación, muchas usaron fondos prestados para recomprar sus propias acciones, beneficiando a sus altos ejecutivos a corto plazo pero debilitando a la empresa a largo plazo. Ejemplos son Bed Bath & Beyond, Kodak y Toys “R” Us, cuyos excesos en recompras y deuda contribuyeron a su caída.
El problema no se limita a las empresas. Gobiernos y consumidores también han acumulado deudas considerables. El gobierno de EEUU gastará 870 mil millones de dólares solo en pagos de intereses este año. La situación es similar en otros países, como México, cuyo gobierno debe pagar 1.26 billones de pesos en 2024. Esto ha creado una bomba de tiempo económica.
Si las tasas de interés no bajan pronto, veremos una ola de quiebras que impactará gravemente la economía global.
En México, Pemex, con años de pérdidas y una producción de petróleo en declive, se encuentra en una situación alarmante de deuda y baja liquidez. Su gestión burocrática e infraestructura obsoleta generan ineficiencias económicas que impiden su recuperación. El gobierno, comprometido a mantener a la empresa productiva del estado como un activo nacional, continúa apoyándola financieramente. Su deuda total supera los 100,000 millones de dólares y no genera suficientes ingresos para cubrir los costos de esta. Por eso, es una empresa zombi. Peor aún, muchos de sus contratistas y proveedores, a quienes les debe más de 8,820 millones de dólares, ya son o están por convertirse en zombis.
Sin embargo, Pemex no es una empresa cualquiera. Su situación está entrelazada con intereses nacionales y condiciones del mercado global. La importancia estratégica para la seguridad energética y las finanzas públicas de México le otorgan un estatus especial que no disfrutan otras zombis.
Una pregunta que debemos hacerle a la presidenta electa Claudia Sheinbaum es: ¿Podrá Pemex reformarse y revitalizarse bajo su gobierno, o seguirá operando como una empresa zombi, contratando créditos externos cada vez más costosos y devorando los recursos de los mexicanos que podrían utilizarse para mejorar por mucho la calidad de los deficientes servicios públicos, como educación y atención médica? Ojalá la responda.
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