Durante su conferencia de prensa del viernes pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador planteó una quinta opción “para vender lo más pronto posible y terminar la lamentable historia del avión presidencial”.
Primero explicó las otras cuatro: 1. Venderlo; 2. Intercambiarlo con el gobierno de Estados Unidos por equipos médicos; 3. Vender títulos de copropiedad a 12 empresas nacionales, y; 4. Rentarlo por hora.
Luego dijo: “Y el quinto es una rifa” y explicó que se venderían “seis millones de cachitos de la Lotería Nacional” a 500 pesos cada, que el ganador recibiría “un servicio de operación de dos años o de un año”, que los empresarios podrían ayudar comprando cachitos para sus trabajadores y que el dinero sería para equipos médicos.
La idea generó todo tipo de críticas, desde memes y chistes en las redes sociales, hasta dizque sesudos análisis de algunos comunicadores que aseguraron que el presidente la lanzó para desviar la atención del público de asuntos más importantes como son la inseguridad o el caos que prevalece en el sector Salud.
El mismo secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, aseguró que no era una alternativa factible.
Estuviera o no convencido de la seriedad de su propuesta, el hecho es que la no venta del Boeing 787 Dreamliner tiene muy molesto a AMLO, quien seguramente nunca imaginó lo difícil que sería deshacerse de él.
Como él y muchos, también estoy molesto de que parte de mis impuestos se sigan tirando a la basura mientras el gobierno no se deshaga de lo que fue el TP01.
Por ello, presento aquí una sexta opción para que el avión deje de representar una carga para todos los mexicanos: ofrecerlo para que las personas más ricas del mundo realicen viajes de placer pagando por ello un mínimo de 150 000 dólares por cada viaje.
Esta opción no es producto de mi imaginación sino del hecho de que el viernes pasado me enteré de que TCS World Travel, una agencia de viajes basada en Seattle, ofrece a sus clientes “expediciones en jets” a más de 200 destinos.
La empresa es propietaria de cinco jets, entre ellos un Boeing 757 configurado para 52 pasajeros que realiza viajes alrededor del mundo de 24 días de duración. Cada viaje incluye 10 vuelos, 23 noches en alojamientos de cinco estrellas, comidas en algunos de los restaurantes más famosos del mundo, todas las propinas, guías, tripulación de cabina, un chef y un médico.
El precio es de 153 441 dólares por persona y los viajes de enero y febrero están totalmente vendidos. Por cada viaje TCS gana casi 8 millones de dólares, antes de gastos e impuestos. Por 80 pasajeros el ex TP01 podría generarle poco más de 12 millones de dólares mensuales al gobierno, antes de gastos e impuestos.
El negocio de expediciones en jet para los muy ricos aparentemente es bueno porque, además de TCS, las cadenas de hoteles de lujo Four Seasons y Aman están ofreciendo servicios similares. Es más, TCS ya ordenó un Airbus para 52 pasajeros que reemplazará a su 757.
No sería malo que el secretario de Turismo, Miguel Torruco, estudiará la factibilidad de que el 787 se dedicara a las expediciones en jet y buscara a una empresa que contará con la capacidad de manejarlo.
Esta sexta opción pudiera ser más factible que las otras.
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