Los discursos pronunciados por los presidentes de Argentina y El Salvador, Javier Milei y Nayib Bukele, respectivamente, en el CPAC 2024, el evento de la ultraderecha estadounidense realizado hace algunos días en Washington, contienen audaces declaraciones pero también verdades, medias verdades y, en algunos casos, distorsiones o exageraciones. Analizar estos discursos permite no solo entender sus políticas y estrategias para posicionarse internacionalmente.
Milei, con su vehemente repudio al socialismo y al globalismo, traza una línea ideológica clara, pero su narrativa a veces puede simplificar excesivamente la complejidad de estos sistemas o ignorar los matices de cómo el socialismo se ha implementado o entendido en diferentes contextos. Su promesa de reducir el tamaño del estado y combatir la inflación refleja su compromiso con una economía más liberal, pero ignora los desafíos estructurales y sociales que enfrenta Argentina, donde las políticas de austeridad han tenido, en ocasiones, consecuencias sociales adversas.
Por otro lado, Bukele, al destacar la disminución de la violencia en El Salvador, ofrece una narrativa de éxito que, aunque basada en estadísticas reales, a menudo omite las críticas sobre las medidas autoritarias y el impacto en los derechos humanos de sus estrategias de seguridad. Su condena a la influencia externa en la política salvadoreña, especialmente al mencionar a figuras como el billonario húngaro-estadounidense George Soros, se basa en teorías conspirativas que carecen de una base sólida, generando una simplificación que ignora la complejidad de las relaciones internacionales y el papel de las organizaciones no gubernamentales en la promoción de la democracia y los derechos humanos.
Ambos gobernantes, en su afán por consolidar su imagen ante un público archiconservador y ultraderechista en el CPAC, recurrieron a narrativas que, aunque contienen elementos de verdad, también se prestan a interpretaciones que pueden distorsionar la realidad. La efectividad de las políticas económicas de Milei aún está por verse y dependerá de cómo se manejen los equilibrios entre el crecimiento económico, la estabilidad social y los derechos laborales. Del mismo modo, el enfoque de Bukele en la seguridad y el desarrollo tecnológico debe ser evaluado críticamente, teniendo en cuenta tanto los logros en la reducción de la violencia como las preocupaciones legítimas sobre el autoritarismo y la erosión de las libertades civiles.
Tanto Milei como Bukele dejaron ver que desean que Donald Trump gane la elección presidencial que se realizará en noviembre en EEUU. Habrá que ver si varían o no sus discursos si el ganador de la elección es el presidente Joe Biden. Es probable que a muchos argentinos les disgustó la manera lambiscona en que su presidente actuó ante Trump.
En conclusión, mientras que ambos discursos pueden haber fortalecido las posiciones políticas de ambos ante una audiencia conservadora internacional y sus seguidores nacionales, el verdadero beneficio para sus pueblos dependerá de su capacidad para implementar políticas que promuevan el desarrollo sostenible, el respeto por los derechos humanos y la inclusión social, algo que por ahora se ve difícil lograr.
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