En Davos, Suiza, en el marco de la reunión anual del Foro Económico Mundial, el presidente argentino Javier Milei pronunció un discurso en el cual, como siempre lo ha hecho, criticó al colectivismo y la justicia social, y elogió al capitalismo y al libertarismo, evidenciando cómo estas posturas se enfrentan en el debate ideológico contemporáneo.
Milei, con su enfoque libertario y procapitalista, criticó vehementemente al colectivismo, asegurando que conduce a ineficiencias económicas y, en ocasiones, a la opresión política. Citó ejemplos históricos de regímenes comunistas y socialistas autoritarios como prueba de sus fracasos. Desde su óptica, el colectivismo sacrifica la innovación y la libertad individual en el altar de un control estatal excesivo.
Sin embargo, sus críticas son excesivas y generalizadoras porque ignoran el hecho de que ciertas formas de colectivismo, como las de los países nórdicos –Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia–, han logrado equilibrar la igualdad social y la eficiencia económica sin comprometer la libertad.
En cuanto a la justicia social, Milei la considera contraria al progreso y a la libertad económica. Argumenta que cualquier intento de redistribución de la riqueza por parte del Estado es una coacción inherente y un obstáculo para la eficiencia del mercado libre.
No obstante, su postura ignora las desigualdades estructurales y la necesidad de intervención estatal para asegurar la igualdad de oportunidades y derechos básicos.
Milei destacó el éxito histórico del capitalismo en generar riqueza y reducir la pobreza extrema, un punto que resuena fuertemente entre los defensores del libre mercado. Sin embargo, ignora las fallas del sistema, como la desigualdad económica y los daños ambientales.
Dado su enfoque en la mínima intervención estatal y su crítica a las políticas económicas colectivistas o socialdemócratas, es probable que Milei vea el denominado “tercer camino” –una filosofía política y económica que propone una intervención estatal moderada, no para suplantar al mercado, sino para corregir sus excesos y desigualdades, así como para mitigar los impactos ambientales negativos– como una forma diluida de intervencionismo estatal que no logra aprovechar plenamente las ventajas del libre mercado.
Diversos países han adoptado enfoques que podrían considerarse similares al “tercer camino”, aunque con características y resultados muy variados, reflejando las diferencias culturales, políticas y económicas de cada región. Entre ellos se encuentran Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, India, Italia, Malasia, México, Nueva Zelanda, Países Bajos, Perú, Reino Unido, Ruanda, los países nórdicos, Singapur y Sudáfrica.
Las palabras de Milei reflejan que, para él, solo hay un camino: el del capitalismo sin límites ni ataduras. Tiene razón al afirmar que este es el motor de la prosperidad y el avance, pero olvida que está demostrado que se necesitan políticas públicas para hacer que avance la equidad y justicia social y para que los capitales no se vuelvan salvajes. Para muchos, las diversas modalidades del tercer camino son la mejor alternativa, siempre que los políticos no se dejen llevar por su ambición de poder y control.
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