Que el país no está en una buena situación es obvio y si antes de la pandemia la economía marchaba mal, ahora va peor. Lo más grave es que lo mismo puede decirse de casi cualquier otro aspecto de la realidad nacional.
Puede que sea cierto que los tiempos pasados fueron mejores, pero solo para una minoría privilegiada que no pasa de ser el 20% de la población. Para el 80% restante, los tiempos pasados nunca fueron mejores y, como están las cosas, tampoco lo son los presentes ni lo serán los futuros.
Oficialmente, en nuestro país existen seis clases sociales, tal como se definieron el 8 de mayo de 2014 en el Acuerdo por el que se aprueba el Programa Nacional de Protección a los Derechos del Consumidor 2013-2018 que ese día se publicó en el Diario Oficial de la Federación.
En dicho programa se anota que “la población mexicana se estratifica en diversas clases sociales determinadas con base en sus funciones, costumbres, situación económica y de poder. Estas clases se describen en seis perfiles que engloban a un determinado tipo de persona de acuerdo con la ocupación o actividad que desempeña dentro de la sociedad mexicana, sus ingresos económicos, su nivel cultural y, finalmente, sus pautas de comportamiento. Estas clases son:
“Baja-Baja: Se estima que representa el 35% de la población, y está constituida por trabajadores temporales e inmigrantes, comerciantes informales, desempleados, y gente que vive de la asistencia social.
“Baja-Alta: Se estima que sea aproximadamente 25% de la población nacional y está conformada principalmente por obreros y campesinos (agricultores). Es la fuerza física de la sociedad, ya que realiza arduos trabajos a cambio de un ingreso ligeramente superior al sueldo mínimo.
“Media-Baja: Formada por oficinistas, técnicos, supervisores y artesanos calificados. Sus ingresos no son muy sustanciosos pero son estables, se estima que sea el 20% de la población nacional.
“Media-Alta: Incluye a la mayoría de hombres de negocios y profesionales que han triunfado y que por lo general constan de buenos y estables ingresos económicos. Se estima que sea aproximadamente 14% de la población nacional.
“Alta-Baja: la integran familias que son ricas de pocas generaciones atrás. Sus ingresos económicos son cuantiosos y muy estables. Se estima que sea aproximadamente el 5% de la población nacional.
“Alta-Alta: La componen antiguas familias ricas que durante varias generaciones han sido prominentes y cuya fortuna es tan añeja que se ha olvidado cuándo y cómo la obtuvieron. Se estima que sea aproximadamente 1% de la población nacional”.
Los porcentajes no han variado mucho al paso de los años, y es probable que millones de los que antes de la pandemia pertenecían a la clase media-baja hayan descendido a la baja-alta y que otros millones que pertenecían a esta última hayan descendido a la baja-baja.
Con base en estas definiciones y números es imposible decir que México vivió mejores tiempos cuando para 8 de cada 10 mexicanos nunca lo fueron.
No nos engañemos, desde su independencia en 1821 México ha dado tumbos y los mexicanos hemos sido incapaces de crear una nación próspera y justa para todos sus habitantes.
Y, como van las cosas, seguiremos siendo incapaces.
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