El mapa electoral estadounidense no se tiñó ayer de rojo, el color que se relaciona con el Partido Republicano, como lo aseguraron muchos encuestadores que, de nueva cuenta, fallaron en sus pronósticos. Por lo tanto, no llegó a concretarse la catastrófica derrota que pronosticaron para el Partido Demócrata.
Si bien el control de la Cámara de Representantes pasará a manos de los republicanos, como se preveía, estos no disfrutarán de la amplia mayoría que esperaban tener. Hasta el momento de escribir esto se había confirmado el triunfo republicano en 204 de los 435 distritos electorales, faltando 14 para lograr los 218 que les dará la mayoría.
Así, el líder de los representantes republicanos, Kevin McCarthy, será a partir de enero el nuevo presidente de la cámara (Speaker the House), sustituyendo así a la célebre Nancy Pelosi, quien a sus 82 años tal vez decida concluir su carrera política.
En lo que al Senado se refiere, no fallaron los pronósticos y el partido que obtenga la mayoría tendrá un mínimo margen de maniobra. También hasta el momento de escribir esto, los republicanos ya tenían 49 senadurías y los demócratas 48.
El control del Senado dependerá de lo que ocurra en tres estados en donde hasta ayer aún no se declaraba vencedor: Arizona, Georgia y Nevada. En cada uno de ellos el candidato demócrata llevaba una ligera ventaja, pero no la suficiente para que se diera por descontada su victoria.
Si los demócratas ganan en dos de los tres, mantendrán la mayoría en vista de que tendrán 50 senadores más el voto que le toca a la vicepresidenta Kamala Harris en su calidad de presidenta del Senado.
A quien no le fue muy bien es a Donald Trump en vista de que no ganaron todos los 39 candidatos que respaldó en elecciones competitivas, la mayoría de ellos promotores de la Gran Mentira que afirma que Joe Biden no ganó la presidencia en 2020. De los 39, 10 ganaron, nueve perdieron y 20 aún no habían podido ser declarados como vencedores. Esto acabó con la leyenda de que la manera segura para obtener una victoria electoral es contar con el aval del expresidente, lo cual necesariamente debilita su de por sí deteriorada imagen.
A los demócratas les fue muy bien en las elecciones de gobernadores. Ganaron 16 de las 36 gubernaturas en juego mientras que los republicanos se quedaron con otras 16. Dos de los triunfos demócratas fueron en estados en donde hoy gobiernan republicanos. Al momento de escribir esto, faltaban por contabilizarse los resultados en cuatro estados.
La realidad política de EEUU será más complicada si tomamos en cuenta que ayer ganaron más de 210 republicanos que cuestionaron la validez de la elección presidencial de 2020. Entre ellos 16 senadores, poco más de 170 representantes, 11 gobernadores, seis secretarios de estado y siete fiscales generales. Más de 30 de ellos han dicho que Biden no ganó la presidencia.
A partir del 3 de enero, día en que entrará en funciones el nuevo congreso de EEUU, las cosas se le complicarán más a Joe Biden, quien deberá enfrentar a una Cámara de Representantes hostil integrada por republicanos que harán todo lo que esté a su alcance para debilitar a su gobierno. Eso solo contribuirá a debilitar la gobernabilidad del país y poner en mayor riesgo la seguridad del mundo.
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