Los gobernantes de todas las nacionalidades y pertenecientes a todas las ideologías utilizan los números según más les convenga para defender su posición o atacar la del contrario.
Si los números sirven para que el gobernante se luzca ante la opinión pública, la fuente que los proporciona es respetable y confiable, pero si los números lo dejan mal parado la institución que los difundió es poco seria y no digna de confianza.
Los funcionarios manipulan, maquillan, esconden u omiten determinadas cifras para mostrar una realidad que dista de ser la verdadera.
También lo hacen algunos empresarios y ejecutivos, que tarde o temprano pagan, junto con sus empresas, el alto precio de sus mentiras.
Sean liberales, neoliberales, progresistas, izquierdistas, socialistas, populistas, derechistas, tecnócratas o humanistas, los gobernantes de cualquier nivel, junto con sus subordinados y seguidores, usan los números para restarle o añadirle importancia a un hecho.
Por ejemplo, en agosto de 2016, durante su campaña electoral, el entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que las cifras que mensualmente proporciona el Departamento del Trabajo (Department of Labor) eran falsas y que era imposible que la tasa de desempleo fuera del 4.9%, como se reportó ese mes. Para él, la tasa “real” estaba entre el 18 y 42%.
Al decir que las cifras eran falsas y que estaban maquilladas Trump buscaba presentar como un mentiroso al presidente Barack Obama y debilitar ante los votantes a su rival demócrata Hillary Clinton.
Sobra decir que el hoy inquilino de la Casa Blanca nunca fue capaz de sustentar su versión de las cifras de desempleo. Le bastó decir que eran falsas y ya.
Trump camaleónicamente cambió su punto de vista al asumir su cargo y ahora las cifras que proporciona el mismo Department of Labor son válidas, reales y demuestran qué tan genial ha sido su administración para darle impulso a la economía.
Una conducta similar a la del entonces candidato Trump es la que desde hace tiempo ha adoptado el presidente Andrés Manuel López Obrador al negar que la economía mexicana esté en recesión, a pesar de que organismos públicos y privados y analistas económicos afirmen lo contrario.
Para Andrés Manuel, quienes afirmamos que hay una recesión “somos nostálgicos de la era neoliberal” y que los organismos encargados de medir la marcha de la economía, como son el INEGI y el Banco de México, están aún en manos de economistas neoliberales egresados del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).
Aclaro que no soy uno de esos nostálgicos, en mis columnas y artículos impresos y mis programas de radio y TV puede constatarse que desde 1982 fui crítico de los gobiernos que aplicaron equivocada y tramposamente un modelo supuestamente liberal para favorecer a una minoría de mexicanos a expensas de la inmensa mayoría.
Pero, de que estamos en recesión no me cabe la menor duda.
Ojalá llegue el momento en que los mismos organismos que hoy desestima AMLO indiquen que la economía está creciendo como él quiere, a tasas del 2, 3 y 4%. Me pregunto si entonces dirá que son datos falsos calculados por tecnócratas del ITAM.
Recordemos: los números no mienten pero se manipulan.
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