En su libro The End of Work: the decline of the global labor force and the dawn of the post-market era (Putnam & Sons, New York 1995), el economista estadounidense Jeremy Rifkin escribe que “estamos entrando en una nueva fase en la historia caracterizada por el declive constante e inevitable de puestos de trabajo, ya que las computadoras sofisticadas, la robótica, las telecomunicaciones y otras tecnologías de vanguardia reemplazan a los seres humanos en prácticamente todos los sectores e industrias (…) Sugiere que es hora de prepararnos a nosotros mismos y a nuestras instituciones para un mundo que está eliminando gradualmente el empleo masivo en la producción y comercialización de bienes y servicios. Necesitaremos encontrar alternativas al trabajo formal y nuevas formas de generar ingresos y poder adquisitivo en esta era post-mercado”.
Han transcurrido 26 años de su publicación y quienes desde entonces han gobernado a los países del mundo, México incluido, o no se enteraron de su contenido o, conociéndolo, lo ignoraron, porque los discursos sobre creación de empleos que hoy pronuncian los funcionarios y candidatos a un cargo de elección, sin importar su ideología, son iguales a los que dijeron sus antecesores, cuando no existían robots, ni computadoras, ni máquinas inteligentes.
La emergencia de estas tecnologías explica en gran medida la reducción de los salarios reales de millones de personas en el mundo.
En México, conforme se extienda el uso de las nuevas tecnologías se irán reduciendo más los salarios reales, lo que es sumamente grave si consideramos que, de acuerdo con cálculos realizados por Manuel Aguirre Botello, la capacidad adquisitiva del salario mínimo vigente, con todo y los aumentos realizados durante el actual gobierno, está por debajo de la que se tenía en 1938.
En Estados Unidos la situación también es preocupante. Un estudio difundido hace algunos días por el National Bureau of Economic Research (NBER) y comentado por axios.com, señala que “La tecnología de automatización ha sido el principal impulsor de la desigualdad de ingresos en EEUU durante los últimos 40 años (…) La exportación de empleos, el declive de los sindicatos y la concentración empresarial han contribuido a ampliar la brecha entre los trabajadores menos calificados y los más calificados, pero la automatización es el factor más importante y probablemente se volverá aún más importante en los próximos años (…) Los salarios reales de los trabajadores de baja educación han disminuido significativamente en las últimas cuatro décadas, y los ingresos reales de los hombres que carecen de un título de secundaria ahora son un 15% más bajos que en 1980 (…) Durante el mismo periodo, los salarios reales de los trabajadores con un título de posgrado y, en mucha menor medida, los de aquellos con una licenciatura, aumentaron drásticamente”.
Rifkin sugiere cómo aminorar los efectos de los avances tecnológicos. Por ejemplo, plantea la instauración de un salario básico universal para que cualquier persona tenga los recursos para tener una vida digna, cuente o no con trabajo.
Los de la 4T y sus opositores harían bien en leer el libro para entender la situación y pensar cómo enfrentarla. Paidós publicó en 1996 la traducción al español.
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