En abril, la economía del país registró un débil crecimiento del 0.1% respecto al mes anterior, según el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del INEGI, difundido ayer. Este pequeño incremento se dio tras una caída del 0.2% en marzo. El IOAE muestra un estancamiento en las actividades secundarias y terciarias, que incluyen sectores cruciales como la minería, manufacturas, construcción, electricidad, comercio y servicios.
En términos anuales, la actividad económica creció un 1.7% en el mes pasado. Las actividades secundarias y terciarias registraron incrementos del 1.6% y 2.2%, respectivamente. Sin embargo, este crecimiento mensual implica una tasa anual de 1.75%, la más baja desde enero del mismo año. Los datos indican que la economía parece estar desacelerándose, un reflejo de los problemas económicos globales y nacionales.
Para el resto de 2024, las proyecciones no son optimistas. A pesar del crecimiento del 3.2% en 2023, superando las expectativas, se espera que el crecimiento del PIB este año sea significativamente menor. Las estimaciones varían, con rangos que van desde el 0.6% al 2.9%, según diferentes fuentes. La OCDE prevé una desaceleración hasta el 2.5%. Esta previsión es preocupante, especialmente en un entorno donde la economía estadounidense, un factor crucial para México, también enfrenta una desaceleración.
El presupuesto del gobierno federal para 2025 también experimentará una reducción significativa. Se espera que el gasto público disminuya a 24% del PIB, casi tres puntos porcentuales menos que el estimado para el cierre de 2024, que es de 26.9%. Esta reducción se traducirá en un recorte de 706,000 millones de pesos, 7.5% menos que el gasto de 9 billones de pesos aprobado para 2024. Este número muestra la magnitud del ajuste previsto para el año entrante.
Las proyecciones para 2025 son mixtas. Se espera que el crecimiento del PIB oscile entre el 1.5% y el 3.0%, comparado con un rango de 2.2% a 2.4% para 2024. Estas cifras reflejan una tendencia de incertidumbre y la necesidad de ajustes en las expectativas económicas.
Un menor crecimiento del PIB tiene múltiples implicaciones políticas y sociales. Un presupuesto limitado significa menores ingresos fiscales, restringiendo la capacidad del gobierno para cumplir con las exageradas promesas de campaña que han hecho los candidatos a la presidencia y a las nueve gubernaturas. Ya en el cargo, tendrán que priorizar, posponer o modificar ciertas políticas. Además, las promesas de crecimiento económico hechas durante la campaña necesitarán ser ajustadas para reflejar la nueva realidad económica.
Las políticas sociales, particularmente en educación, salud y programas de bienestar, resultarán afectadas. Un menor crecimiento del PIB limitará los recursos disponibles para estos programas cruciales, afectando a millones de mexicanos que dependen de ellos.
La situación económica actual subraya la importancia de una gestión fiscal prudente y una planificación económica realista. Nuestros gobernantes deberán adaptar sus estrategias a un entorno económico más restrictivo, asegurando que las finanzas públicas se mantengan estables mientras enfrentan los desafíos de un crecimiento más lento.
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