A mí no me gusta que me tomen el pelo y cuando compro un producto o contrato un servicio espero y exijo que, a cambio de mi dinero, el fabricante o vendedor del primero o el proveedor del segundo me proporcionen lo que adquirí.
Cuando una persona o empresa me vende algo que no satisface mis expectativas le reclamo que cambie el producto o mejore la calidad de su servicio y, si de plano ya no quiero seguir siendo su cliente, me devuelva el dinero que le pagué. Si no está dispuesto a atender mi reclamación recurro a la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), que desde 1975 defiende a los consumidores contra los fabricantes, comerciantes y proveedores de bienes y servicios que no cumplen con lo que les ofrecen a sus clientes.
También desde 1975 la PROFECO vigila que los fabricantes de diversos productos no le ofrezcan gato por liebre a los consumidores y que sus productos cumplan con todas las normas que la leyes establecen. Lo para que los alimentos y bebidas que consumimos sean efectivamente lo que se nos dice que son o para impedir que nos vendan litros de 900 mililitros.
Lo anterior viene a cuento porque no entiendo la reacción que ayer se dio en las redes sociales después de se anunció que la PROFECO prohibió el martes la venta de más de 20 supuestos quesos y dos dizque yogures naturales.
De acuerdo con la información que difundió la Secretaría de Economía, los fabricantes de esos productos le tomaban el pelo al consumidor ya que en los denominados como “queso” se detectó que utilizan la leyenda “100% leche”, sin serlo; sustituyen con grasa vegetal la leche que deberían contener en su elaboración; proporcionan un menor gramaje que el anotado como “Contenido Neto” en la etiqueta; en su empaque no informan el porcentaje de uso de caseinatos para la elaboración del producto; los denominados como “yogurt natural” estaban adicionados con azúcares y no contenían el mínimo de leche que la norma establece.
Las conclusiones de la PROFECO se derivaron de los análisis realizados en sus laboratorios a muestras de esos productos.
En las redes sociales, sobre todo en Twitter, leí muchas críticas a la prohibición de su venta, probablemente de personas que no les importa que les vean la cara de tarugas o que no aceptan ni aceptarán nunca cualquier decisión que tome el gobierno de la 4T, aunque en este caso sea en su propio beneficio.
La politización del país ha llegado al extremo de que se ha armado todo un pleito porque la PROFECO sancionó a unas empresas tramposas cuyos productos no son lo que dicen ser.
Tanto se están radicalizando algunos, que el mismo presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), Gustavo de Hoyos, en lugar de agradecer que se proteja a los consumidores, entre ellos a sus agremiados, tuiteó: “Sorprende que la @SE_mx en lugar de fomentar el desarrollo y la creación de empleos, emprenda acciones infundadas y altamente lesivas contra empresas, productos y marcas del sector de alimentos procesados. Parecería que con espectacularidad, quieren ocultar la falta de resultados”.
La absurda “guerra de los quesos” en Twitter es el resultado de una polarización social que de seguir no nos llevará a un buen destino.
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