La mañanera, como se denomina la conferencia de prensa que desde el principio de su gobierno ofrece de lunes a viernes a las 7 de la mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador, es sin duda uno de los fenómenos más singulares en la política mexicana contemporánea. Estas conferencias, realizadas generalmente en el Salón Tesorería de Palacio Nacional, le han permitido dictar la agenda mediática del país, comunicarse directamente con el pueblo, y, muchas veces, confrontar a sus adversarios. Muchos las han alabado como un ejemplo de transparencia, mientras que otros las califican como una plataforma para la desinformación y la polarización.
El lunes pasado, la presidenta electa Claudia Sheinbaum anunció que durante su gobierno ofrecerá una mañanera diaria a la misma hora y en el mismo lugar que las actuales. Pero, ¿la beneficiará utilizar el mismo formato del presidente saliente?
Sheinbaum posee un perfil técnico y académico, y es vista como una funcionaria eficaz. A diferencia de AMLO, cuyo estilo carismático y populista le ha permitido conectar emocionalmente con amplios sectores de la población, Sheinbaum es una mujer moderada que se basa en datos y evidencias. Deberá tomar en cuenta sus cualidades y personalidad para adaptar el evento a su propio estilo.
Sin embargo, la mañanera le planteará riesgos considerables. El primero de ellos será la inevitable comparación. Todos los días, cada una de sus palabras y gestos serán evaluados bajo el estándar de AMLO, lo que podría atraparla bajo la sombra de éste. Hoy, la mañanera es un espectáculo político diario, y cualquier intento de continuidad podría ser visto como un intento de imitación, lo cual podría minar la percepción de independencia y originalidad que ella necesita para establecer su propia identidad política.
Además, está el riesgo de la sobreexposición. AMLO ha logrado mantener el interés mediático y del público gracias a su habilidad para generar controversia y mantener un tono confrontativo. Sin embargo, este enfoque ha generado una creciente saturación informativa y un cansancio generalizado entre la audiencia. Sheinbaum, con su estilo más calmado y menos polarizador, podría encabezar una conferencia diaria que pierda rápidamente su impacto, convirtiéndola en un ejercicio rutinario incapaz de generar el mismo nivel de atención o influencia.
No debe olvidarse que las redes sociales, que han sido tanto un aliado como un contrapeso para AMLO, juegan y seguirán jugando un papel crucial en el éxito de las mañaneras. Sheinbaum deberá aprovechar estas plataformas para complementar su mensaje y llegar a sectores de la población que valoran la información precisa y el análisis detallado. Sin embargo, deberá estar preparada para enfrentar un escrutinio constante y una competencia feroz en el ámbito digital, donde las críticas y las narrativas alternativas proliferan a una velocidad vertiginosa.
En resumen, Claudia Sheinbaum podrá beneficiarse de las mañaneras si logra adaptarlas a su estilo y contexto, evitando caer en la trampa de la imitación o la sobreexposición. Deberá utilizarlas para ir construyendo su propia narrativa y conectarse con la gente de manera auténtica y efectiva. Solo el tiempo dirá si la mañanera será una herencia bendita o maldita para su gobierno.
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